Experimento queer

Con un hilo de voz de José Arenas (Montevideo: Yaugurú, 2019)

Las articulaciones entre las modernas industrias culturales y la actual cultura digital son variadas. El mainstream editorial se adapta muy rápido y utiliza intermediarios como los booktubers (críticos literarios pero en YouTube) para llegar a su público o, por ejemplo en España, explota el éxito masivo del relato “Todo está bien”(2017) de Manuel Bartual en Twitter y lanza al año siguiente su primera novela El otro Manuel (Grupo Planeta, 2018). Con un hilo de voz de José Arenas puede colocarse en esta serie de articulaciones, siempre y cuando se tomen en cuenta la trama local en la que se produjo y la singularidad de la propuesta estética del autor. En principio habrá que considerar las diferencias con el mainstream editorial, ya que las dos novelas de Arenas fueron publicadas por editoriales locales. La primera, Los rotos (2017) por civiles iletrados y la segunda, por Yaugurú. Ambas editoriales se plantean como alternativas frente al libro de supermercado.

Las circunstancias que rodean al libro ya fueron expuestas por los críticos que lo reseñaron en prensa: el Hoski para la diaria y Gabriel Peveroni para Caras y Caretas, que además agregó una entrevista.

En 2017 Arenas comenzó a postear en Facebook, con el hashtag #lanoveladenico, una serie de textos más o menos breves que relataban la ruptura amorosa entre el narrador y Nicolás. Para que se hagan un idea del alcance que tenían las publicaciones, uno de los textos, que aparece cerca del final de la novela, tuvo 71 reacciones, 18 comentarios y fue compartido 7 veces. Los leí siempre que pude, con mucho interés e intriga, le puse algún “me gusta” o “me encanta” y chusmié los comentarios. Lo que se hace en Facebook, supongo. A mitad de año Arenas puso en escena “Mis novios dark” en el boliche Kalima, una performance basada en la historia. En enero de 2019 apareció la novela, que el propio autor considera un cierre del proyecto. La red social permitió a los “amigos” y al “público” en general ver al escritor en su proceso creativo, interactuar con él a través del formato de las seis emociones o de los comentarios e incluso compartir el texto con otros. Como dice Hoski, con el pasaje al libro el experimento “adquirió un formato más tradicional”, e hizo que se borraran las marcas de las interacciones. Como sea las tres experiencias muestran la versatilidad de Arenas para transitar por distintos formatos y lenguajes, que ya es una marca de su singularidad como artista en Uruguay.

La tapa del libro, diseñada por Maca (Gustavo Wojciechowski, dueño de la editorial Yaugurú), es un collage elaborado en base a una foto de Paola Scagliotti (no dejen de mirar sus fotoreportajes en cooltivarte). La foto muestra al propio Arenas pintándose los ojos frente a un espejo, haciéndose una máscara. La tapa recoge en parte una característica del experimento (me encantó la expresión, Hoski, te la robo), cuando Arenas aclaró en su perfil que #lanoveladenico se trataba de una ficción. Al parecer la hipótesis autobiográfica obsesionó a algunos lectores-amigos (En la entrevista de Peveroni Arenas dice que empezó como un juego para ver las reacciones). El medio elegido, el relato en primera persona y el “mis novios” de la performance, alimentan la sospecha y bordean el asunto de la autoficción. La red social también impone la brevedad y la forma fragmentaria, así como cierta “inmediatez brutal”, como dice Peveroni. El crítico señala otro aspecto que ayuda a entender el tránsito del posteo a la performance, y que también se imprime en la novela: “Es un libro que puede, y se aconseja, ser leído en voz alta. Es un libro de alto potencial performático, en un borde poético que, lejos de perjudicar la fluidez, hace ganar a la prosa en musicalidad, en ritmos que juegan con tópicos del beatnik pero también del stand-up y de la inmediatez brutal del post de Facebook”.

El algoritmo y la carne

La brevedad, la fluidez, la performatividad y el “realismo pobre y gris” (contrapuesto al realismo mágico de García Márquez) que el propio narrador postula, son las claves estéticas de la novela, hiladas por la voz de un narrador irónico, por momentos corrosivo, por momentos herido. Como las industrias culturales (el folletín, la radio y el cine) en las novelas de Puig, el mundo de las redes sociales forma parte del escenario (así como las aplicaciones, el celular y la computadora) pero también de las formas de sentir del narrador y de los personajes. La “autopsia amorosa”, según la expresión de Peveroni, se tramita en esos términos: “Como cambié la foto de perfil de Facebook, de Instagram, de Twitter y de Whatsapp, ya varios se avivaron de que no estoy más con Nico” (35). Las visitas al perfil de Instagram de Nico (43) o los levantes a través de Facebook (22) son algunos ejemplos de cómo se construye esta subjetividad.

La reflexividad del narrador es una de las cosas que me resultaron más interesantes. El tono irónico es demoledor:

Yo leí casi toda Alfonsina Storni, la digo de memoria. Me especialicé en el teatro de Alejandro Urdapilleta, soy casi experto en la filosofía que hay metida en las letras de tango. Leí mucho a los autores marxistas, conozco la filosofía post Heidegger. Leí a Adorno, Deleuze, Althusser. Siempre estoy atento a lo que publica José Pablo Feinmann. Me metí mucho en las teorías queer, leí a los y las popes del pensamiento disidente, de las sexualidades alternativas. Yo mismo tengo, en preparación, varios ensayos sobre cuerpos alternativos contra la sociedad capitalista. Pero, cuando entro a Instagram y veo las fotos y las historias de Agustín, el cantante de Márama, no puedo evitarlo, la mirada se me pone brillosa y el corazón me estalla de colores. No puedo creer lo hermoso, lo naif y lo tierno que es. Es el novio perfecto. (38)

La razón letrada se rinde ante el deseo y se ríe como en el carnaval, pensando con el bajovientre, si se me permite el anacronismo.

En otro pasaje se puede leer cómo esta reflexividad irónica es también autodemoledora:

Fuiste al cine. Te acordaste por qué hace tanto que no vas. Adelante te tocó un grupo de mujeres que se ríen juntas, a las carcajadas, se sacan selfies, comen pop. No sabés por qué pensás que son enfermeras, un grupo de enfermeras que sale de las guardias, que libran y deciden ir al cine a joderte a vos, que sos el centro del universo y odiás salir, y toda esa bobada burguesa de que la gente es idiota y vos sos un capo que te avivaste antes que todos, que te diste cuenta, por eso no te rozás. Por eso te molestan los adolescentes, el carnicero, la cajera, tus primos, tus hermanos, tus alumnos, tu ex novio, porque ellos no se dieron cuenta, no leyeron todo eso que vos sí, vos tenés los ojos abiertos. Qué genio (80).

En un escenario privilegiado de la industria cultural, el narrador se vuelve contra sí mismo, contra todo lo que leyó, contra su propia razón letrada. Será el deseo lo que lo que saque de la angustia de la separación, cuando se cruce en el almacén con “un pibe con fuerza de flash” (93). Con un hilo de voz se destaca por muchas cosas (todas las que señalan Hoski y Peveroni, y muchas otras) pero en lo personal, después de leerla y releerla para escribir este texto, me quedo pensando en que los deseos y los cuerpos humanos, y su relación con las máquinas, son claves para pensar al sujeto en la cultura digital.


Nota off topic: La reseña Gabriel Peveroni se hace más interesante a la luz de su novela El exilio según Nicolás (1997), en el que el protagonista simula su exilio utilizando Internet y si no recuerdo mal utilizando el ICQ. Hace 7 años escribí que no me había gustado la novela, hoy no volvería a repetir lo mismo.

3 comentarios en “Experimento queer”

  1. Los medios de incomunicación masiva, cambiaron radicalmente nuestras conductas, nuestras percepciones, nuestros pensamientos. Hasta hablamos de “industrias culturales” “cultura digital”. Estos nos emborracharon, y embaucaron sin que podamos valorar las consecuencias, de esta “cultura globalizadora” negativa para los seres humanos y la creación artística. Es tan palpable este efecto que no se les da importancia a estas cosas. Son parte de la “normalidad” en pos de la “adecuación” al siglo XXI. La indiferencia frente a esta vulgaridad -siendo compasivos con el adjetivo- con que se caricaturiza la cultura que fue construida a través de los siglos, a algunos nos da vergüenza e impotencia. Otros piensan en $$$$, y así estamos: EN VENTA “adecuándonos”

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    1. Gracias Hugo por tu comentario. No estoy 100 % de acuerdo, pero coincido contigo en que una parte del problema es el capitalismo y las formas de dominación implícitas en la cultura que promueven las industrias y los medios. En lo que no estoy de acuerdo es en que eso sea suficiente para explicar lo que pasa en la cultura contemporánea. Adecuarse no es la respuesta, pero sí pensar y usar las tecnologías para generar resistencias y disputar otro sentido de la cultura. Creo que hay mucha gente haciendo eso y no está para la plata

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