Comunicación científica en y desde el Sur

Foto sin dato de autor. Fuente: IPAM Amazônia

Una mirada uruguaya

El 11 de julio de 2019 la Comisión Central de Dedicación Total, dependiente del Pro Rectorado de Investigación de la Universidad de la República Oriental del Uruguay (Udelar), expresaba, en una nota ampliamente difundida, su profunda preocupación ante “…el notorio incremento de casos en que docentes de la Udelar, publican los resultados de sus trabajos de investigación en medios de dudosa legitimidad académica” (Ver Nota aquí). La mencionada comisión funciona en forma permanente entendiendo en los casos de asignación, a docentes de la Udelar, de fondos para la compensación salarial que implica la dedicación exclusiva a dicha universidad. En otras palabras, podríamos decir que es quien se encarga de estudiar y evaluar la actuación de los docentes y promover su “consagración” al quehacer universitario. La nota firmada por diez “notables” académicos e investigadores informaba respecto de cómo debería ser comunicada la investigación científica de calidad; qué son las revistas denominadas ilegítimas y predatorias y daba pistas de cómo evitar publicar en ellas.

Surge entonces la pregunta de qué impulsa a investigadores de Uruguay a querer publicar los costosos (en tiempo y dinero) resultados de su trabajo en publicaciones de dudosa reputación y de aún más dudosa retroalimentación.

Por supuesto, la respuesta no es de sencilla. Lo que es seguro es que las relaciones asimétricas, de dependencia y de intercambio desigual en la división mundial del trabajo académico han generado un conjunto de limitantes para el desarrollo en materia científica de América Latina y en especial para nuestro país. Estas relaciones de inequidad han repercutido históricamente en la formación de cuadros científicos propios y en la visibilidad, acceso y legitimación de la producción de conocimiento. Esto resulta más evidente en la dificultad de comunicar los resultados de investigaciones de la comunidad científica latinoamericana, particularmente las de nuestro país. Uruguay se encuentra según el site de Scimago (uno de los rankings más influyentes) en el número 84 en cuanto al total de citaciones y en el lugar 73 del índice H. No obstante, es inexistente una publicación nacional dentro de las novecientas latinoamericanas listadas en 2019 por el sitio web. A excepción de revista Panamjas (Pan-American Journal of Aquatic Sciences) que figura en el lugar 289, perteneciente a Brasil, pero que fue y sigue siendo iniciativa de científicos uruguayos. Esta situación, nos da una idea de que en su mayoría los científicos e investigadores nacionales o las temáticas referidas a nuestro país no se comunican en revistas uruguayas porque presentan una valoración relativamente negativa. Despiertan desde luego, poco interés por que se las considera poco relevantes, escasamente internacionales y carentes de prestigio e impacto.

Alguno de las principales problemáticas a los que se han enfrentado, y aún se enfrentan, los investigadores uruguayos a la hora de comunicar sus trabajos, son aquellas tendencias mundiales que podrían denominarse como “círculo vicioso”, existentes en los medios tradicionales de divulgación científica. Por un lado, las publicaciones científicas del llamado “primer mundo” (revistas mainstream o de corriente principal) que elitizan su clientela mediante el filtrado de autores de países en desarrollo a través del cobro de altas sumas por el derecho de publicar en sus prestigiosas páginas, o para obtener copias de los artículos publicados. Y por otro, el sesgo de la agenda de investigación científica al impedir la publicación de resultados o el estudio de temáticas altamente relevantes para países latinoamericanos atribuyendo a dichas contribuciones un interés exclusivamente local.

Por otra parte, las condiciones de aceleración al interior de las academias mundiales, es decir, el incremento sostenido de criterios productivistas para la medición de la labor académica ha producido un conocido efecto de inflación en los escenarios de comunicación de la producción científica mundial. Esto produce un empuje en la actividad investigativa de todo el mundo en búsqueda de comunicar sus resultados en formatos editoriales de diversa índole.

A grandes rasgos podemos mencionar tres tipos de formatos editoriales para la comunicación científica, en base a las principales características de la entidad editora. Un primer grupo de o formatos de comunicación científica, denominado comercial, se trata fundamentalmente de multinacionales editoriales con claros fines de lucro, entre los que se encuentra el cobro de altos aranceles para publicar, descargar, leer y revisar contenidos. Dentro de este grupo se encuentran las entidades editoras con prácticas predatorias, (mencionadas en la nota de la Comisión de Dedicación Total) que tienen como finalidad publicar cualquier tipo de trabajo. Sin procedimiento de filtrado y evaluación alguno y bajo el hecho distintivo de la sesión completa de los derechos de la obra.

Un segundo tipo pertenecen a instituciones de investigación que gozan de gran prestigio y se caracterizan por circular su contenido dentro de un limitado ambiente de académicos. En algún paso del proceso editorial el acceso al contenido no es abierto. Lo que produce una serie de efectos de inequidad en el acceso al contenido científico. Y un tercer ejemplo de iniciativas editoriales son aquellas mayoritariamente universitarias o pertenecientes a centros de investigación universitarios que se caracterizan por ceder abiertamente el acceso a la totalidad del contenido.

La mencionada aceleración ha producido un efecto de mercantilización y despersonalización sobre la labor de académicos e instituciones universitarias de todo el mundo. Esta labor se mide casi exclusivamente por una prolífica serie de indicadores numéricos que expresan cuantitativamente el impacto de un artículo, entre otros elementos.

Previo al 2000, los expertos utilizaban el Science Citation Index del Institute for Scientific Information (ISI), en su versión de CD-ROM para realizar análisis especializados. En el 2002, Thomson Reuters lanzó una plataforma web integrada que hizo accesible a un público amplio la base de datos Web of Science. Luego aparecieron otros índices de citas que se erigieron en competencia de Web of Science: Scopus de Elsevier (2004) y Google Académico (versión beta creada en el 2004). Instrumentos basados en la web fueron luego introducidos, tales como InCites (que usa Web of Science) y SciVal (que usa Scopus) y también software para analizar perfiles individuales de citas basados en Google Académico (Publish or Perish, que apareció el 2007). En 2005, Jorge Hirsch, un físico de la Universidad de California en San Diego, propuso el índice-h, que popularizó el recuento de citas de investigadores individuales. El interés en el factor de impacto de las revistas académicas creció incesantemente desde 1995. Recientemente, han aparecido medidas de uso social y de comentarios online: F1000Prime fue establecido en 2002, Mendeley en 2008 y Altmetric.com en 2011.

De este factor de impacto dependen (la mayoría de las veces) la financiación de investigaciones, la contratación como investigadores y la actividad de docencia universitaria. El problema radica, como señala el manifiesto de Leiden, en que la “evaluación pasó de estar basada en valoraciones de expertos a depender de métricas”. El factor de impacto es una herramienta que se creó con la intención de ayudar a bibliotecólogos a identificar revistas para adquirirlas para sus bibliotecas, no como medida de la ciencia.

Existen en la actualidad una serie de iniciativas a nivel mundial, como el mencionado manifiesto de Leiden de 2010, o la Declaración sobre le evaluación en la investigación de 2012 o DORA por su sigla en inglés, para el perfeccionamiento de la forma en que las agencias financiadoras, universidades y entidades académicas mundiales miden y evalúan la labor científica. Una alternativa a los criterios marcadamente cuantitativos que impone el norte académico global.

La principal preocupación para América Latina, en términos de comunicación científica, deberá radicar en propiciar espacios de internacionalización de los contenidos y de formatos editoriales propios; así como la elaboración de estrategias de evaluación y medición sostenibles y responsables. Un primer paso es la búsqueda de alternativas a los algoritmos matemáticos utilizados para calcular los factores de impacto como forma de evaluación. Para que este proceso se vuelva representativo de cuatro aspectos substanciales interrelacionados vigorosamente: el creciente aumento de la actividad científica interdisciplinaria latinoamericana; el reconocimiento del colonialismo académico experimentado por las universidades occidentalizadas latinoamericanas (ver artículo de Ramón Grosfoguel); el reconocimiento de formas regionales originales de comunicación de la producción científica; y la particular situación de desfinanciación que experimenta la región.

Los investigadores de la Universidad de la República deberán atender a estos emergentes que les permitan profundizar en el desarrollo de una ciencia abierta, sustentable y con equidad regional.

Gerardo Ribero


Gerardo Ribero es Licenciado en Ciencias Antropológicas por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE, UdelaR). Docente de Unidad de publicaciones y ediciones de la FHCE. Docente del Centro Universitario regional Este (Sede Maldonado). Consultor editorial de: Tekoporá (Latin American Review of Environmental Humanities and Territorial Studies); PanamJAS (Pan American Journal of Aquatic Science); y ENCLAT (Revista Encuentros Latinoamericanos). Asistente de Edición de la Revista Uruguaya de Antropología y Etnografía.

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