Con Marcelo Fernández Pavlovich y Patricia Pujol, conductores de El filósofo ignorante (UniRadio)

El filósofo ignorante es un programa de radio que se emite por UniRadio (107.7 FM) los martes a las 20 y se repite los domingos a las 21. La conducción y producción está a cargo de Marcelo Fernández Pavlovich (MFP), Patricia Pujol (PP) y Martín Rodríguez, que se encarga de la producción sonora. La entrevista fue con los conductores y a primera vista se puede percibir el amor que tienen por la radio. Si bien están en Spotify y en YouTube, lo que más les gusta es la conversación en vivo, con el operador del otro lado del vidrio. Este es el tercer año que están al aire. A fines del 2019 hicieron una actividad en Meraki, un café en la ciudad de Santa Lucía (Canelones), que tuvo muy buena recepción. Tenían pensado seguir en esa línea y explorar nuevas formas de vincularse con el público, pero la pandemia arruinó los planes. Luego de un intervalo, por razones de salud, el programa volvió al aire en agosto. La entrevista la hicimos a mediados de abril y la pandemia también afectó a quien tenía que transcribir esta preciosa charla. Con ustedes, les filosofes ignorantes.

¿Por qué El filósofo ignorante?

Marcelo Fernández Pavlovich (MFP): El nombre tiene una carencia que es la cuestión de género incorporada. En rigor es el nombre del programa, pero es un colectivo compuesto por Patricia, Martín y yo. Es un nombre que intenta jugar con dos cosas: una referencia casi explícita al libro de Voltaire que nos lleva también, más allá de las ironías de Voltaire, a esa reivindicación de la ignorancia filosófica, de la filosofía como un saber que no es acabado y que en el momento que creíste que no ignorás, la quedás. Patricia y yo tenemos algo en común que es esto de que cuanto más vamos sabiendo de algo, no importa mucho que sea ese algo, puede ser filosofía, puede ser comunicación que es el área de Patricia, o puede ser el fútbol, uno se va dando cuenta de todo lo que no sabe. Hay como un sentido trágico en el conocimiento, la materialidad del tiempo indica lo terrible de que no vamos a poder leer el 10%, de lo que quisiéramos leer. La otra pata del asunto es con otro libro, El maestro ignorante de [Jacques] Rancière y la reivindicación de cierto sentido de la igualdad. Según Rancière, la sociedad está dividida de un modo tal que hay gente que sabe y gente que no sabe, y esto implica determinadas posiciones sociales y jerarquías que instalan la desigualdad de antemano. Y que si en realidad la postura nuestra es “yo soy el tipo que sabe y te voy a enseñar” esa brecha desigualitaria no se reduce nunca. En todo caso el ignorante puede saber un poquito más pero nunca tanto como su maestro y por lo tanto va a haber un grado 1, 2, 3 y así. Eso nos lleva a pararnos desde esa ignorancia desde la cual pretendemos esa igualdad, más que nada a nivel humano, con quien nos escucha o quien quiera conversar con nosotros.

Patricia Pujol (PP): Agrego algo que en realidad fue una discusión de ayer, nos reíamos porque le tendríamos que poner “le filosofe”, como para discutir que el genérico no sea varón, y de repente las mujeres no nos sentimos identificadas. Y eso no tiene que ver con lo estricto, que tenga que tener, específicamente, una “a” o una “e”, sino en pensar estas cosas, que para nosotros no tienen que estar dadas, si bien hay una convención y todos entendemos. Es eso, no es fundamentalismo sino una discusión.

¿Cómo surge la idea del programa?

PP: Creo que los tres estamos de acuerdo en que el proyecto surge de una inquietud, pero al mismo tiempo de la amistad. Eso es lo que está primero, nosotros hacemos este programa porque somos amigos. Después porque nos interesan algunos temas en común, después porque tenemos conocimientos distintos y entonces le aportamos al programa desde nuestras respectivas áreas, y ya hemos aceitado una lógica de trabajo que hace que el programa sea lo que es, y todo el tiempo estamos pensando en mejorarlo y agregarle cosas. Con Marce nos conocimos en 2014 cuando se creó la revista Tunel, que es una revista sobre fútbol uruguayo. Cuando iba a salir, Pedro Cribari, que es el director, nos encarga a Marce y a mi la nota de tapa del primer número. Y fue re loco porque yo empecé a trabajar como periodista en la diaria en 2006 y si bien era común trabajar en equipo, capaz en ese momento para mi no había sido una experiencia tan abordada, de trabajar en el texto con alguien. Inclusive tenía otro desafío que era trabajar con alguien que no conocía hasta ese momento. Y nos tocaba una entrevista a Camilo Mayada, que en ese momento estaba jugando en Danubio. Entonces nos conocimos de camino a entrevistarlo en la concentración de Danubio. Y ahí empezó un vínculo, nos caímos bien, pero al mismo tiempo pudimos trabajar juntos y coordinar esa entrevista. Nos sorprendió ese vínculo, por lo afinidad pero al mismo tiempo porque los dos teníamos prejuicios de trabajar ese texto juntos, porque no sabíamos mucho qué nos íbamos a encontrar del otro lado. Fue una sorpresa grata. En ese momento yo trabajaba en un programa de radio que se llamó Deportivo Uruguay en Radio Uruguay. Ahí trabajé 11 años. Y Marce es una persona que consume mucha radio.

MFP: Es uno de mis defectos principales.

PP: Cuando digo cualquier cosa, digo cualquier cosa, es literal.

MFP: Exacto. En su momento en las madrugadas los testimonios de las iglesias pentecostales adornaron mis oídos, también programas de fútbol, básquetbol…

PP: Una maravilla. Y bueno, ahí también encontramos una inquietud en común. Deportivo Uruguay era un programa extenso, al aire, y al mismo tiempo el director del programa tenía ciertas inquietudes, en las que lo filosófico podía entrar a jugar con el deporte, que no es tan común. Bromeando siempre dijimos que el Deportivo Uruguay era un programa de varietés donde podía entrar esto. Entonces convidamos a Marce a hacer una columna sobre filosofía y lo mezclábamos con el fútbol, y con cuestiones que sucedían en el deporte. Eso se llamó “Al filo”. Era una columna de una hora, que es la previa de este programa, porque en realidad ahí empezamos a aceitar los intereses en común. Así que nos unió el gusto por el fútbol también. Somos hinchas. Marce de Bella Vista, que lo lamentamos mucho, y yo de Progreso, que también lo lamentamos mucho, y además tenemos gustos por otro equipos como el San Pauli, por sus cuestiones ideológicas, no así deportivas.

MFP: Seríamos hinchas del Real Madrid si fuera por cuestiones deportivas.

PP: Más o menos, pero no tenemos tantas ganas de eso. Yo diría que ese es el antecedente de El filósofo ignorante. En un momento tomé la decisión de dejar Deportivo Uruguay, pero lo habíamos conversado con Marce y con Martín, que era uno de los operadores de la radio, y pensamos, por qué no con esta experiencia de “Al filo”, pasar la columna a un programa. Eso tuvo situaciones que contemplar, porque no es lo mismo hacer una columna que un programa, que requiere una apertura, pensar en una lógica en sí, un producto en sí. En el caso de la columna Marce entraba a conversar con nosotros. El encuadre era distinto. Esto era pensar el programa con una estructura, somos todos muy ordenados en este equipo, entonces tenemos un guion muy estricto, una apertura, una conversación al principio, luego presentamos el programa. Así empezó El filósofo ignorante. Y decidimos hablar con UNIRadio porque en ese momento, hace 3 años, nos parecía que nos permitía hacer el proyecto del modo que nosotros queríamos, en forma voluntaria, por el placer de hacer radio. El Tincho Rodríguez es parte integrante del equipo de UNIRadio y eso era una llave también, nos acercamos a hablar y fuimos muy bienvenidos. De hecho nos han aceptado la propuesta de muy buen modo y hemos ido profundizando el trabajo, para nosotros de una forma muy autónoma, que nos ayuda mucho porque nos gusta trabajar así, y nos da como esa libertad de ir haciendo los programas que tengamos ganas.

MFP: El pasaje de la columna “Al filo” al programa implicaba también otra periodicidad y era otro desafío porque la columna salía una vez al mes, teníamos un mes para prepararla. Y bueno no podés hacer un programa en la radio una vez al mes, o sea, como poder podés pero de alguna manera se pierde mucha cosa en el medio. Y eso nos presentaba varios desafíos, sobre todo porque en el 2019, el año que arrancamos, lo teníamos que hacer grabado pero no por cuestiones exógenas como son las actuales, si no por cuestiones nuestras. No teníamos un modo en el cual pudiéramos confluir los tres en un horario que además pudiera UNIRadio, para poder hacer el programa. Entonces todo el 2019 salió grabado. El que salga grabado nos exige mayor producción previa, a veces nos quita cierta espontaneidad que nosotros extrañamos y realmente nos dimos cuenta bastante rápido que la exigencia de una producción que se hace por amor al arte y que nos tomamos muy en serio. Creo que si nos pagaran un sueldo por esto, no se si cambiaría muchas cosas a nivel de producción, haríamos más o menos lo mismo. Tuvimos que inventar para intercalar, porque no dábamos a basto con la producción, un formato que llamábamos Lado b del Filósofo Ignorante, que sigue existiendo cada tanto, que tiene que ver con compilar la parte musical y extendernos en ella, que también tiene que ver con despuntar determinados vicios musicales, porque probablemente cada uno de nosotros y nosotras, querríamos hacer otros programas de radio. Esto nos permite jugar con las cosas que no podemos hacer en otro lado. Y el año pasado, cuando habíamos arreglado nuestros horarios de una forma tal que lo íbamos a poder hacer en vivo, ahí las explicaciones pasaron a ser exógenas, porque el primer semestre lo tuvimos que hacer como lo estamos haciendo ahora, que es grabado pero por razones pandémicas, porque no podemos ir a los estudios de la Uni, pero en el segundo semestre del 2020 sí tuvimos el gusto de poder hacerlo en vivo y mantenemos, si se quiere, la esperanza de que eso puede darse en algún momento

En estos tres años han ensayado distintos formatos ¿cómo es eso?

PP: Por mes tenemos una planificación que implica que cada programa lo pensamos en un formato distinto, nunca repetimos el formato. Por ejemplo, el primer programa de 2021 fue una charla entre Marcelo y yo que tenía que ver con disparar una conversación con audios externos, con alguien que participa pero en realidad lo elegimos nosotros, no es una declaración al programa sino que es una conversación pública que se está dando en algún lado y eso es un formato. Este año tenemos dos cosas nuevas, de estreno, una es por una inquietud que tenemos con Marce que, además de nuestras cuestiones de lecturas asociadas a los trabajos, nos gusta mucho leer. Entonces lo que incorporamos fue compartir lecturas al aire, y esos textos nos disparan temas y tratamos de abordar alguno. Son siempre antojadizos, porque tienen que ver con nuestra interpretación y lo que nos pasa a nosotros con el texto. Ese es un formato nuevo que incluimos por puro gusto a la lectura. Y después otra cosa muy novedosa que tenemos este año es un arreglo con la Cátedra UNESCO de Derechos Humanos de la UdelaR, que este año va a participar dentro del programa pero con un formato que es netamente para difusión de las actividades de la Cátedra. No es un programa de la Cátedra pero es El filósofo ignorante acompañando el proceso de difusión de la Cátedra. Para nosotros es siempre un desafío porque vamos a estar en conversación con estos colegas. Es algo novedoso para nosotros, tienen que ver con afinidades personales. Nos sentimos halagados y contentos de que hayan tenido la confianza de dar sus contenidos en nuestras voces.

M: Nos remite al otro formato que no es la conversación entre Patricia y yo, sino entre Patricia, algún invitado o invitada y yo, lo que llamamos el formato “Palabra” que es cuando invitamos a alguien al programa, a alguien que sea no necesariamente especialista, pero que sepa de algo y tenga ganas de conversar. Uno de ellos fue, en la primera temporada, Gustavo Pereira, que es quien hoy dirige la Cátedra UNESCO para los Derechos Humanos y nos contactamos a ver qué se podía hacer de forma conjunta. La idea es no solo vincularnos a las actividades de la Cátedra, sino también bucear en las perspectivas sobre los Derechos Humanos, las distintas generaciones. Esto nos da mucho gusto y doble, porque en estos tiempos en el que vivimos muy rápido, a lo loco, el hecho de que a nosotros alguien nos pueda regalar el tiempo para expresar su pensamiento y su palabra es muy valioso. Cada vez que invitamos a alguien y nos dice que sí nos ponemos muy contentos, porque hay un marco de cordialidad, de un ida y vuelta que se da allí que es buenísimo y que continúa. Para nosotros el hecho de que se de vuelta, o que nos inviten a nosotros, como esto que estás haciendo vos, que de alguna manera es una invitación a conversar, nos parece que está buenísimo. Y nos parece tan buenísimo que el año pasado encaramos otro formato, que no estamos encarando ahora porque en este momento estamos descartando hacer grabado este formato que llamamos “Quiero, retruco”, donde iniciábamos una conversación más distendida, no necesariamente sobre una temática en particular, con algún amigo que se prestara para eso. Desde ya quiero decir que el nombre fue un rotundo fracaso porque “Quiero, retruco” implicaba el truco. Creo que solo hubo uno o dos amigos que jugaban al truco, todos los demás no tenían idea, alguno dijo que jugaba a la conga. Pero una de las cosas que notamos es para hacerlo en vivo, que grabado pierde un montón. Vamos a ver si lo podemos recuperar cuando podamos volver a hacer el programa en vivo.

Los integrantes del equipo desde la sala de operadores. Foto: Sofía Montañés

Amor a la radio

Los dos tienen experiencias previas con la radio antes del programa ¿Qué significa para ustedes la radio? ¿Por qué dicen que “aman la radio”?

PP: En términos profesionales empecé en la radio en 2007 y seguí largo. Trabajé 11 años en el Deportivo Uruguay, que era exigente porque era un programa en vivo, hacer un programa en vivo es exigente siempre. Era de muchas horas, cuatro horas, y cuando teníamos transmisiones podían ser más. Cuatro horas sostenidas, sábados y domingos, eso requiere una preparación semanal intensa. Yo traía esa gimnasia. A mi lo que me pasa con hacer radio, es lo que me pasa con la conversación, soy una gran conversadora, charlatana podría decirse, en realidad también escribo, y he trabajado en televisión también, vengo de otros formatos de la comunicación. Creo que en la radio lo que encuentro, como forma expresiva, es que la oralidad me gusta mucho, me siento muy cómoda, y más cuando la conversación se da entre amigos. Al mismo tiempo tiene algo más fresco que no tienen los otros formatos. Cuando escribo también siento que habla Patricia, con el paso del tiempo me he visto en la escritura, pero es mas acotada y no me permite algunos juegos de la ironía, que aveces me cuenta un poco más trabajar y que a mi me gusta mucho. Con Marce nos pasa un poco al aire que a veces hay chistes internos que nos funcionan, pero al mismo tiempo que nos dan esa alegría de estar juntos ahí en ese momento, que sea en vivo, que sea del encuentro y que sea de la conversación. En la radio, en la forma expresiva, encuentro eso. Después también escucho bastante radio, y me gustan muchos programas que le deben gustar a mucha gente que le gusta la radio. Porque también trabaja con el imaginario, la otra persona no te ve, entonces en la conversación se ponen en juego. Cuando escucho radio, que es lo que me pasa a mi, hago otras cosas, me acompaña en el día, estoy trabajando y escuchando radio, voy a cocinar, estoy escuchando radio. A mi me genera esa sensación como de cercanía. Meterse en la casa de las personas o que alguien te diga “te escuché en la radio diciendo tal cosa y busqué información”. Para mi eso es muy motivante. A parte de mi experiencia personal, me parece que es un medio interesante de explorar en ese sentido. Te lo traía en comparación con los otros medios en los que he trabajado, es con el que me siento más a medida, el que me resulta cómodo y siempre es una alegría. Nos pasa que nos ponemos contentos, al equipo entero cuando nos encontrarnos para hacer el programa. Eso no es menor, que uno tenga una actividad en la que cuadre el gusto y los intereses de cultivar la amistad. Tuve la suerte de ejercer profesionalmente, remunerado, también con un equipo que llegaba a la radio y tenía unos compañeros para compartir, que fui acumulando experiencia en sentido profesional con aciertos y con errores. El Filósofo nos encuentra en una etapa de madurez y también con cierta soltura. No lo sabemos todo, somos muy amantes de las preguntas, y pueden salir algunas respuestas, y algunas van a quedar por fuera del programa. Eso es un desafío porque a veces nos da mucha ansiedad como de cerrar temas, vemos que el tiempo no nos da, porque las charlas podrían ser de mil horas. Y al mismo tiempo tener la cabeza puesta en que ningún medio agota sino al revés, que cuando uno se enfrenta a un medio de comunicación también le puede generar inquietud, curiosidad y la idea no es tener todo acabado en algo que uno consume y ya. Eso lo tenemos bastante pensado, o por lo menos es la intención y trabajamos con esa idea. A mi me gusta leer para que me dispare otras lecturas, no necesariamente agotar ahí.

MFP: En ese sentido si bien con Pati tenemos un sentimiento común a la radio y a las ideas, no es menos cierto que hay diferencias, la profesional de los medios es ella. No lo digo porque es lo que estudió, sino que se ha desempeñado laboralmente en esas áreas. Vos me recordabas mi pasaje anterior por la radio, pero que fue muy amateur, por una cuestión de amistad, en el período antediluviano, a fines de la década del 90, entre el 96 y el 99, en Radio Nacional. Lo que me une a Patricia es que la radio siempre me acompañó. Por eso este chiste que no es tan chiste, de la adicción a la radio. No escucho música en la radio, para escuchar música tengo mis discos y pongo el disco que quiero, en la radio necesito gente que me converse y que me acompañe, a la cual le puedo prestar mayor o menor atención, y la radio tiene eso mágico. A nosotros tres nos debe gustar Dolina, para poner un ejemplo de algo que para mi es muy recurrente. Creo que hace 25 años que escucho Dolina. Lo he ido a ver a varias de sus locaciones, no solo cuando vino a acá, sino en Argentina. Estuve en el Tortoni, en el Hotel Bauen, en el galpón de la calle Gorriti de Radio Diez, en el Paseo la Plaza. Disfruto mucho más escuchándolo, lo que despierta en mi el programa, a nivel de fantasía, de imaginación, no lo logra la cuestión medio teatral que tiene ir a ver el espectáculo. Y eso es algo que a mi me pasa con la radio. La radio tiene algo ahí, que se me prende en el oído y que logra cosas que no han logrado otros medios conmigo, de una manera inmediata. Esa confianza que me da la radio, donde me parece que estoy conociendo al tipo o la tipa que me está hablando, es una relación que no tengo con otros medios.

Además de estar en plataformas como Spotify o YouTube ¿han pensado en explorar otros formatos? Lo pregunto porque con la pandemia me parece que muchos proyectos culturales han intentado articularse en las redes sociales o utilizando internet en general tratando de formar comunidad. ¿Cómo lo ven?

PP: Nosotros somos críticos, no es que llegamos y empieza el programa, eso no pasa nunca. El programa empieza cuando nosotros lo pensamos en nuestra cabeza y eso lleva tiempo y trabajo, que no es solo sentarse y “bueno, yo traje una canción y vamos a hablar de esto”, y es una charla que se puede dar en cualquier sitio y no en un medio. Nosotros no trabajamos así y no queremos hacerlo así. No lo digo como gestualidad, lo digo porque tenemos la percepción de que cada vez más en los medios sucede que hay productos que, por lo menos, denotan que no están tan preparados o que son más bien de la espontaneidad, digo lo que se me ocurre y parece que tiene un sentido profundo e interesante, porque “estoy siendo genuino”. Nosotros no creemos que eso sea valioso y no creemos que aporte casi ninguna cosa. Tampoco creemos que nuestro programa es más que nada, es lo que es, pero si sabemos que no queremos hacer un programa así. En ese sentido las redes han abierto otros canales, donde es cierto que otras personas acceden y pueden crear su contenido. Nos parece que eso estaría bárbaro, pero si me encuadro en el programa, no me veo haciendo un vivo de Instagram, diciendo “Bueno, acá estamos…”. No va con el perfil de la comunicación que queremos hacer, queremos compartir otra cosa, que es lo que pensamos para el programa, que es una línea de interés, y es un producto que pensamos desde que empieza hasta que termina, si bien en el medio hay improvisación, chiste, nos reímos. No queremos esta cosa del éxtasis de la comunicación, que todo el mundo está comunicado, todo el mundo tiene algo para decir, todo el mundo lo va a decir ya, que es una ansiedad puesta en la supuesta comunicación, que no sé si es tan deseable. No por un tema de acceso, que no se confunda esto que digo con que no todos podamos acceder, ni tengamos el derecho a decir cosas. Pero no hacer por hacer, nos tenemos que conectar porque nos tenemos que conectar. A mi para nada me contribuye un programa que me diga “vamos a leer un mensaje de una persona que dice que no se va a vacunar porque no cree en las vacunas”. Tiene un valor que es el de esa persona, pero no me parece que alimente ningún aporte periodístico. Estas son discusiones que tenemos todo el tiempo y que tienen que ver con cómo usamos los medios de comunicación, cómo contestamos las consultas que nos llegan. Somos personas que no subestimamos a la gente que está escuchando. Somos cuidadosos con los temas que tratamos, nos interesan los derechos humanos, tenemos una posición política e ideológica que la manifestamos y de ningún modo para nosotros eso es quitarle posibilidades al oyente. Si quiere escuchar va, y si no tiene un montón de otras opciones que no son esta. Vos decías, en la cultura qué pasó, lo dijimos en el primer programa de 2021, no todas ni todos podemos quedarnos en nuestras casas. Podemos discutir eso, podemos hacer un programa, pero lo sostenemos porque tenemos posibilidades de sostenerlo. Nosotros no cobramos, invertimos para hacer este programa, horas, pienso. Le tenemos mucho cariño, pero sabemos que está sostenido desde ahí y es un privilegio. No creo que un periodista tenga que trabajar gratis, creo que su trabajo es valioso y debería cobrar, pero me arrogo el derecho a elegir dónde trabajar y el programa es esto. Nuestra opinión está puesta ahí, y traemos a otros que hablan y dan sus conocimientos, y te van dejando idea de poder buscar información por otro lado. En este contexto, me preocupa el tema de las redes porque hay una ilusión de que todos accedemos y que todos tenemos la posibilidad de decir. Pero al mismo tiempo las redes son propiedad de las empresas, uno queda limitado a sus reglas, cuando uno quiere denunciar encuentra que tampoco es fácil acceder a la denuncia y que se contemple. Empiezan a jugar otras cosas, necesitamos tener información para realmente utilizarla con conocimiento. Es algo que nosotros siempre estamos debatiendo en el programa.

Los integrantes del equipo en sus puestos. Foto: Sofía Montañés

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