Mañana viernes 15 de octubre a las 20:00 en la cafetería del Centro Cultural Terminal Goes se presenta Goes to Goes (Pez en el hielo, 2021) el último libro de Hoski. El autor conversará sobre la obra con Mariana Figueroa y Ramiro Sanchiz. Al cierre, pondrá en voz algunos textos, con la música del proyecto Goes to Goes (Matteo San Martín y Raúl Garrido). Los organizadores anuncian que en la presentación se podrá adquirir el libro así como el cassette de puesta en voz del proyecto Goes to Goes, disponible también en versión digital (Tatami Registros, 2021). Comparto una reseña sobre el libro, publicada originalmente en Brecha.

Hoski – Goes to Goes

Un niño posa para la foto junto a su triciclo. Los pixeles de la foto revientan sobre un fondo rosado con algo de amarillo. Al lado, como si se tratara de un niño siamés, nace otro niño que parece igual, pero no tanto. Tiene la cabeza de un perro. Así presenta la editorial Pez en el Hielo, del colectivo editorial Sancocho, Goes to Goes, el último libro de Hoski, uno de los nombres del poeta, narrador, editor, músico y performer José Luis Gadea. El concepto de la tapa –una intervención fotográfica de Ruth con Teache, con diseño de la colección de Bárbara Nilson y diagramación de Dani Olivar– contribuye a que nos hagamos una idea de un texto poco convencional. Una idea que se refuerza en la contratapa de Ramiro Sanchiz, que anuncia la contigüidad de Goes to Goes con una novela que crece «por una perpendicular al texto, en otra dimensión». El nuevo texto de Hoski está, entonces, en una frontera que limita la poesía con la novela e, incluso, con cierta idea de lo escénico.

También el título y la propia estructura del libro podrían interpretarse en esta idea de un desdoblamiento. Hay un juego en el título, como si leyéramos la primera parte en inglés, goes (‘va a’), y la segunda parte como referencia al barrio Goes. Pero también es un juego de espejos, de estar yendo de Goes a Goes, de salir de un lugar y terminar en el mismo lugar, pero no exactamente. O, mejor, de llegar al mismo lugar y verse en el espejo con una cabeza de perro. El texto está estructurado en dos partes, que toman los términos del título: «Goes» y «To Goes», y cada una está compuesta por seis escenas. Hay otros indicios en los títulos de las escenas para leer el libro en esta clave: la escena tres se titula «Reflejos» y la seis, «Doppelgänger». Pero no hay que apurarse, porque el libro desborda esa clave y proyecta otras líneas que sería imposible resumir en simetrías o asimetrías. Incluso, la idea de la cuarta dimensión –tomada de la obra Física trascendental, de Johann Karl Friedrich Zöllner, basada en su intención de dar una explicación científica a fenómenos como el espiritismo– sugiere también una frontera otra que va más allá de las tres dimensiones.

El niño con cabeza de perro suena en otra dimensión, porque en Goes to Goes también hay una historia de amor. Las dos partes comienzan con escenas tituladas «Novios perros» y «Novios perros: el regreso». Otra vez, el sentido del libro no se agota en esa historia que parece que va a contarse como una novela de fragmentos en la que hay escenas, relatos y poesía. El protagonista presenta ciertos escenarios reconocibles: las calles del barrio Goes, algunas habitaciones, un balneario, un arenero húmedo en el fondo de un colegio. También introduce algunas secuencias narrativas: recuerdos de la infancia, un niño que gira en su triciclo alrededor de una casa en Toledo cantando una canción de la barra de Peñarol, una visita a la costurera del barrio. Pero todos estos elementos, que parecen piezas sobre una mesa de disección, siempre se encuentran impregnados de esa voz poética que desborda y avanza, empujando la historia fuera de toda referencia.

Este trabajo con el lenguaje, que establece múltiples líneas de fuga en Goes to Goes, es, tal vez, su aspecto más destacable. La voz recurre a referencias clásicas: la apertura del libro con una cita de Virgilio, Orfeo y Eurídice. Pero también incorpora las letras de Arcade Fire, la experimentación con poemas visuales o juegos tipográficos, algunos personajes de la cultura de masas y también un cíborg de Ramiro Sanchiz, unas hojas digitales y el spleen 2.0. Al final, el barrio se mezcla con el humanismo cansado («los cuatro muelles de la isla jónica» y «la calle Marcelino Sosa a las cuatro de la tarde»), con los caminos de las vanguardias que prosperaron y los que no, y con un rumor del futuro que habrá que aprender a escuchar en Goes to Goes y en los libros que vendrán.

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