Ansina: historias y mitos

Ansina: historias y mitos es una cuenta de Instagram (@losansinas) que defino como: “Una investigación sobre Ansina que pedía un nuevo comienzo”. La idea es buscar una forma de narrar un proceso de investigación en la que se combine una exploración sobre las imágenes y los textos, y una revisión de lo hecho. Lo de “historias y mitos” lo puse para señalar dos conceptos que quiero pensar juntos, que se articulan, en especial en un país en el que la historia ocupa un lugar privilegiado en la configuración de los mitos nacionales. La idea fue tomando forma lentamente, a partir de distintas inquietudes sobre los formatos de divulgación de resultados de investigación. En esas búsquedas, un poco de casualidad, me crucé con proyectos similares y la idea tomó forma. Había que encontrar el momento y fue este.

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¿Otra vez la misma foto? Es que llegó el momento de concentrarse en ella. Es un retrato de Manuel Antonio Ledesma sentado con un bastón en la mano. Ya veremos por qué es importante este detalle. En 1885, cuando el general Máximo Tajes entregó a Paraguay los trofeos y la condonación de la deuda de guerra en Asunción, algunos ciudadanos presentaron a Manuel Antonio Ledesma como uno de los soldados que habían acompañado a Artigas en su exilio. En esta oportunidad reproducimos la tapa del primer número de la revista “Ansina”, que se publicó cada 18 de mayo entre 1939 y 1942. Se definía como “Órgano del Comité Pro-Homenaje a Don Manuel Antonio Ledesma (Ansina)”. Fue dirigida por Isidoro Casas Pereyra, escritor y colaborador frecuente de “Nuestra Raza”. El Comité fue uno de los tantos que se crearon durante el siglo XX para reivindicar la figura de Ansina. El colectivo reconocía en Marcelino Bottaro al iniciador del “ansinismo”, responsable de que Montevideo tuviera una calle con el nombre de Ansina otro 18 de mayo, pero de 1923, unos meses después de que se inaugurara el monumento a Artigas en la Plaza Independencia. La foto marca un hito en este relato. Y digo “marca” literalmente, porque Mario Rufino  Méndez, un intelectual orgánico del grupo de la revista “Nuestra raza”, marcó su nombre en el grabado como puede apreciarse en esta imagen abajo a la derecha. Es posible que la foto original sea de 1885, todavía no pude rastrear su origen (quien quiera aportar algún dato sea bienvenidx). Víctor Ocampo Vilaza, fotógrafo y pintor que retocó el original, y Mario Rufino Méndez unieron esta imagen al mito. Pero a Manuel Antonio Ledesma le quedan capitulos en esta historia

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La imagen que identifica nuestro perfil en este momento es un sello del Correo Uruguayo, elaborado por la artista visual Mary Porto Casas, con el diseño de Gabriel Casas. El sello, publicado en julio de 2019, es un hecho muy importante en el relato de Lenzina porque no tenemos una imagen fotográfica suya como tenemos de Ledesma. Recorriendo la página del Correo Uruguayo se pueden ver otras obras de la artista. Porto imaginó a Joaquín Lenzina, le puso un rostro, le dibujó una mirada firme, le puso una casaca militar con los colores artiguistas. Para reforzar el cambio de interpretación histórica Porto agrega al payador y más atrás un Artigas rodeado de caballos y lanzas. La contraposición con el monumento a Ledesma es muy significativa: Ansina está parado, mira a los ojos, es payador y es un soldado de Artigas. Ya habrá tiempo para comparar el sello de Porto con el que publicó el correo en 1967. El relato de Lenzina, aún como soldado, cambió de "fiel asistente", a "fiel payador", y hoy a soldado de la causa artiguista, como sostiene Oscar Montaño en su texto explicativo. Ahora la imagen de Lenzina se reproduce en planchas de 25 sellos con tirajes de varios miles de ejemplares. Hasta aquí Ansina tiene al menos dos nombres propios: Manuel Antonio Ledesma y Joaquín Lenzina. Las dos historias tienen sus inconsistencias y también sus datos certeros. Es hora de dar paso a la tercera historia: el mito de Ansina, la figura sin nombre propio, el depositario de unas cuantas fantasías blancas. Hasta la próxima

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El hombre que aparece en la foto, Isidoro de María, es el autor del mito de “Ansina”. La imagen fue tomada por John Fitz-Patrick, un fotógrafo inglés que vivió y trabajó en Uruguay desde 1868 hasta su muerte en 1928. No es raro que retratara a quien fuera calificado como “el primer historiador nacional”. De María había ejercido cargos diplomáticos en Gualeguaychú (Argentina) y en 1860 publica allí la primera “biografía” de Artigas: Vida del Brigadier General D. José Gervasio Artigas, fundador de la nacionalidad oriental. Hay una escena capital del folleto, el momento en el que se narra la derrota de Artigas, la fatalidad de su destino de héroe: “Una noche rodeado de sus más leales y constantes compañeros, les revela su última y heroica resolución, –pedir al Paraguay un asilo, dando un adiós a la Patria. Ansina, su buen Ansina, es el primero que puesto en pie le responde – “mi General, yo lo seguiré aunque sea hasta el fin del mundo”. Artigas derrama una lágrima, símbolo de la nobleza del héroe, y dice: “todos como tú, pero yo no quiero violentar la voluntad de nadie; me seguirá el que quiera”. Y agrega el narrador: “Y todos se manifestaron resueltos a seguir la suerte de su General”. Pero hay un dato curioso. En 1846 De María dirigía el diario El Constitucional cuando se publicó una nota firmada por “Un oriental”, en la que se hablaba del “anciano” Lenzina y no de Ansina. Se presume que el autor era José María Artigas, hijo de Artigas, quien lo había visitado en Paraguay por esas fechas.¿Falló la memoria del memorialista? ¿Qué lo condujo a cambiar el nombre? Las palabras que puso en la boca de “Ansina” persistirán en la memoria nacional más allá del siglo XIX, y se articularán siempre en torno a la fidelidad. Es raro decir que estamos frente a la foto del autor de un mito, porque en general los mitos se nos presentan como producto de un trabajo anónimo y colectivo, pero las cosas tienen un comienzo y el del mito de Ansina fue este

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