La magia del Carnaval envuelve la ciudad. Los pobres olvidan su miseria; los negros se convierten en Reinas y Reyes; los ricos su dinero; los viejos sus cansados huesos. El escenario está pronto, las risas de los niños invaden la noche junto a la ansiosa frase “pínteme, señor”.

Beatriz Santos Arrascaeta, “La fantasía de Chulín”.
En Oro y miel, libro del Colectivo Afropoéticos (2023, p. 74)

¡Axé en el barrio! Se abrió un tablado en el Paso Molino y con él rememoramos los tablados de Dalton Rosas Riolfo por los años 70, al costado de las que eran las Tiendas Salvo, donde aún se ven vestigios de letras deslucidas de la promoción de “Ropa Country”. Al Nuevo Carrusel del Paso Molino lo bordea el arroyo Miguelete que aún sobrevive.

Entonces, se plantó la alegría, no solo porque hay un tablado más, para que la muchachada trabaje, sino que es de acá, del barrio. Vuelven las plenas y las “cumbias de antes”, como dicen las doñas mientras los gurises presionan para subir al tablado esperando el “choque los cinco” de los murguistas, o para bailar con Parodistas, Humoristas y Revistas, o a la espera de los toques del tambor que les hace cosquillas en las panzas.

Los sábados escuchamos los tambores de Cenceribó, los de una comparsa por el Pueblo Victoria y desde la Teja los del ensayo de La Yambo. Cada vez que el viento mueve los viejos paraísos del Parque Bellán nos trae la cadencia negra.

La Yambo realizó su festival pleno de alegría y de una mixtura de edades y procedencias impactante. Larraura, su familia y el equipo de trabajo, generaron y generan comunidad. Tribu, tribu que nos llevó a bailar, reír, todos mezclados, todo mezclado. La alegría y el llanto se unen como la cultura o como nuestras diversas sangres, que son voces que suben desde los vientres ancestrales y que Guillén lo transmite en estos versos: “Como soy un yoruba de Cuba,/quiero que hasta Cuba suba mi llanto yoruba,/que suba el alegre llanto yoruba/que sale de mí” (“Son número 6” en El son entero, 1947). Marcando una identificación profunda y consustanciada entre sus raíces y la construcción de la hoy bloqueada y amenazada Cuba.

Yambo Kenia estuvo en el Teatro de Verano el jueves 29 de julio a primera hora. Con la pluma llevada adelante por Joaquín Doldán y Agustín Camacho, y la dirección responsable de Carlos Larraura. El espectáculo se llama Rituales de la palabra y nos dejó mudos. Mudos como un endulzamiento lleno de miel y velas rojas.

La teatralidad de la comparsa se despliega al margen de las salas de Teatro, como lo es todo el carnaval, parafraseando al profesor Gustavo Remedi, y todavía con un aditivo interesante, que refiere a que los letrados tienden a darle la espalda. Seremos “¿los mersas, los planchunes, los come choripan?” al decir de Tinta Brava, donde junto a la comparsa construimos transculturación:

(…)recurrimos al concepto complementario de “transculturadores populares”, que alude a los actores culturales que se desenvuelven en esta esfera (pública). Esta consiste en un campo normalmente ilegible e incomprensible para nosotros, los letrados, por formación poco aptos para conectar con una realidad no libresca. El mundo letrado a veces queda atrapado en su propio laberinto de papeles y bibliotecas, desatento a lo que ocurre fuera, “más allá del jardín y de la verja”. (“Al borde de la zona radioactiva. Problemática teórica de la esfera pública popular” Gustavo Remedi, 2024, pp. 277-278)

Las comparsas reelaboran la herencia africana, la hacen ritual y la proyectan hacia el futuro sin quedar atrapados ni en el océano ni en el jardín. La propuesta desafía la separación entre alta cultura y cultura popular, mostrando cómo el teatro del carnaval y específicamente el candombe (ritual y resistencia) sigue siendo un espacio de producción cultural con marcas autónomas y transformadoras que denuncian el racismo.

¿Sino para qué? Y en estos para qué, no nos llama la atención cuando en el desfile de Llamadas no participan los afro, quizá han notado que nuestra fiesta fue asimilada, en beneficio económico de empresarios. Creo que habría que pensar en una fiesta en sentido contrario y sin competencia. ¿Se imaginan…? Al decir de Leonardo Lagarde, “No queremos ser una materia prima de un producto que se comercializa en febrero y nada más” (“Reclamemos todos los días” de Leonardo Lagarde, Griots, libro del Colectivo Afropoéticos, 2025, p. 56)

Continuando con La Yambo vemos que pone de manifiesto la tensión entre los Letrados Afro y la Academia, rescatando, al final de la actuación, el papel de difusión y promoción de la literatura escrita por afrouruguayas/os/es con el dato de la colaboración de Juan Julio Arrascaeta con la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Udelar. Línea de trabajo que, en relación a la literatura afrouruguaya, continuó en seminarios y cursos el profesor Alejandro Gortázar.

El espectáculo sigue la huella de Las esclavas del Rincón (2006) y Leandro Andrade (2007), comienza con un despliegue colectivo para inmediatamente centrarse en dos personajes, donde uno guía al otro. Hay un gesto de la Comedia de Dante, donde recordamos que Beatrice no solo es el objetivo, sino que asume el papel de guía de Dante a través del Purgatorio y el Paraíso. Ella representa la revelación y el amor que guía hacia la salvación. En la comparsa Beatrice es La Sabiduría (Valeria Vega), que por momentos es el poeta afrouruguayo Pilar Barrios y en otros podría representar a las mujeres afrouruguayas.

El personaje propicia el desarrollo de la conciencia afrodescendiente del letrado así como traer un legado hacia las mujeres que dialoga con Ángela Davis en Mujeres, raza y clase: “Fueron estas mujeres las que transmitieron a sus descendientes femeninos nominalmente libres un legado de duro trabajo de perseverancia y de confianza en sí mismas, un legado de tesón, de resistencia y de insistencia en la igualdad sexual, en definitiva, un legado donde se enuncian los modelos para una nueva feminidad” (1981, p. 37).

Por otra parte, el personaje de Juan Julio Arrascaeta (Gonzalo Brown) presenta un arco que va de una asimilación a la cultura blanca hegemónica, a la instalación de la conciencia negra. La Sabiduría se ubica en un eje central que oblicua hacia los procesos de identificación, asociados a alentar y argumentar a favor del encuentro de la negritud del personaje-escritor. Con una voz envolvente y contenedora que rememora a Obatalá, también a Oxum y, por qué no, a la inspiración en La vida es sueño de Calderón de la Barca.

No hay mejor proceso de identificación que aquel que conecta con la cosmovisión, la Historia y con el Otro donde viven las raíces discursivas que componen nuestro ser. La identificación implica un trabajo interno, procesos espiralados y dinámicos muy similares a los de la cultura. Procesos que tienen saboteos externos pero también internos, los que uno mismo edifica y que en un punto también son externos, producto de una ideología dominante internalizada. Quizá para evitar el dolor, tarea imposible cuando el problema del racismo compete a la estructura social.

El personaje Juan Julio Arrascaeta va alimentándose del encantamiento de las palabras, de su ritual y del acompañamiento de La Sabiduría hasta reencontrarse con su “Testamento Negro”, a modo de cadencia, de liberación de sus palabras, de habitar su voz como en “Tambó” o en el “Samba…bó”, entre otros:

Samba bé…. Samba…. bé
Samba e Catumba
Tate quieto mi yimbito
no llevé epate lava
tene la bemba chucha
mama no te va bautiza

(Juan Julio Arrascaeta, “Samba…bó” en Antología de poetas negros uruguayos de Alberto Britos Serrat, Mundo afro, 1990, p. 40. Todos los poemas de Arrascaeta citados pueden encontrarse en esta antología, pp. 37-41)

En parte el proceso lo realiza solo, mirándose al espejo (elemento escenográfico), que también lleva a reflejar a los espectadores. Nuevas inflexiones, nuevas refracciones, pero también en una mirada diaspórica mostrando la realidad de los hermanos por el continente y por los conflictos contemporáneos de nuestra África (Nigeria, Congo, Somalía, Sudán).

Sabiduría y Julio quieren traspasar las fronteras del racismo, vencer ese muro perverso y volver a nacer. Juan Julio Arrascaeta al reencontrarse con sus raíces, sus sonoridades, nos deja su “Testamento negro”, nos describe lo que tiene, lo que deja y ahí nos introduce al concepto de legado, y qué mejor ejemplo que su bisnieto (Álvaro Silva) cantando un rap candombeado a lo AVR (nombre artístico del rapero).

La presentación es toda una metáfora, no es una biografía, se utiliza el personaje para a partir de ahí abrir áreas temáticas, hay alegoría y simbolismo. El espectáculo de Yambo Kenia es una invitación a conocer a los intelectuales de nuestro colectivo, a abrir el campo literario y sus polémicas, que la Academia y los letrados se encargan de dejar al margen a través de procesos sutiles, a la uruguaya.

La comparsa invita a conocer a los intelectuales del Círculo de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores Negros (C.I.A.P.E.N.), creado en 1946 para impulsar el desarrollo intelectual del colectivo afrouruguayo, y vinculado a la revista Nuestra raza; a indagar en el Partido Autóctono Negro (1936-1944); a conocer qué intelectuales negros estaban presentes en la prensa rioplatense de principios del siglo XX; a saber quiénes fueron Pilar Barrios, Adelia Silva, Virginia Brindis de Salas. Esta última es abordada este año por la comparsa Herencia ancestral. En el espectáculo se menciona que fue la primera mujer afro en publicar un libro de poesía en Hispanoamérica. Cabe mencionar que la primera mujer en Iberoamérica en ser publicada fue Maria Firmina dos Reis (1822-1917), su novela abolicionista Úrsula fue publicada en 1859.

También constato en la actualidad aquellos (este demostrativo es genial para demostrar lejanía) que son partícipes de los procesos de marginación ubicándose con fuerza en el centro de la ciudad letrada, haciendo como que esta literatura y otras no existen, pero también reconozco a los aliados. Nuestro legado continúa y se transforma con la firmeza de un sonido propio, con una memoria que traspasa el vientre del océano. Solo hay que mirar a los costados y enmudecer por un tiempo para dar lugar a otras palabras.

En ese sentido La Sabiduría expone los daños de los procesos discriminatorios que dialogan con la poeta afroamericana Georgia Douglas Johnson:

Demasiado tiempo mi corazón contra el suelo
ha golpeado los años polvorientos,
y ahora por fin, ¡me levanto, despierto!
¡Me adentro en el amanecer!

Too long my heart against the ground
Has beat the dusty years around,
And now, at length, I rise, I wake!
And stride into the morning-break!

(Bronze: a book of verse, 1922, p. 23)

El Teatro de la Yambo, a través de la puesta en escena, la música, el vestuario, la naturalidad con que se expresa, genera una unidad donde todos los elementos participan de “una conversa”. Se destaca el vínculo entre los gráficos, la danza y el vestuario intencionalmente sincronizados. Todo pensado. Hay una integración perfecta del candombe tradicional con la narrativa contemporánea. No recurre a excesos, apuesta a la esencia, uniendo voz, tambor y cuerpo.

Mirar a la Yambo es un sueño de puro candombe. Tal vez por eso queremos ir al carnaval, para seguir soñando, aunque sea un ratito. Para dar vuelta El lago de los cisnes y reconstruir el Lago de los Cisnes Negros pero con una tensión, que insiste porque el decorado sigue siendo “clásico”, manifestando un lugar de conflictos y por lo tanto de oportunidades.

La comparsas candombean sus pregones para que la diversidad de voces no sea solo un ritual sino palabras a integrar, palabras para hacer, para que este ritual no sea solo de palabras sino de hechos. Por eso recordamos que se hace necesario un mantenimiento del Espacio Juan Julio Arrascaeta (en el Buceo), para que el lugar sea una invitación a reconocer la generosa voz negra, al decir de Pilar Barrios:

¿dónde está sobre la tierra
el lugar en donde el negro,
generoso no ofreciera,
ya en la música, en el arte,
en las letras o en la ciencia,
ya en la paz como en la guerra,
el tributo de su sangre,
de su vida, de su esfuerzo,
la grandeza de su alma
o la ofrenda solidaria
de su espíritu fraterno?

(“La leyenda maldita”, en Antología de poetas negros uruguayos, Mundo Afro, 1990, p. 36)

En un mundo convulsionado entre guerras, genocidios, gobernantes psicópatas, imperialismos, secuestros, invasiones a países y extractivismos, sigue latiendo la poesía. Poesía entre endeble y firme que muestra su pulso, para marcar su territorio y “el tributo de su sangre”.

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