Solemos hablar mucho de la fundación de nuestro país sin tener en cuenta a un personaje protagónico, sin darnos cuenta que es por él que también tenemos un país hermano, un hermano de escritorio. Hay un parentesco oculto que muy pocos conocen: un Lord británico tuvo un rol fundamental en la creación de la República Oriental del Uruguay, pero también fue parte de la fundación de Bélgica. La película Ponsonbyland, que aún no ha sido acunada por las pantallas, hace una investigación a fondo de Lord Ponsonby y su papel en la fundación de dos países lejanos.

“Cuando se habla poco de algo me veo salvajemente atraído hacia ahí”, dijo Ramiro Cabrera a sujetos. Ramiro es el director de un film del que aún no tenemos fecha de lanzamiento. Todavía están en la fase final, luego de una investigación que comenzó en 2022. “Lo no dicho dice más que lo dicho”, agregó.

Ponsonbyland engloba cuatro productoras: La Zanja Producciones, Asador Cine, Atlantico Content y Quilombo. El equipo que elaboró el documental cuenta con: Ramiro Cabrera -director, coguionista y montajista-, Eva Moeraert -entrevistadora, narradora, guionista-, Enrique Buchichio -producción ejecutiva-; Andrés Pittier -director de fotografía-, Jorge Cancela -diseño de sonido-, Leonardo Badell -colorista-, y Agustín Baratelli -arte y diseño gráfico-.

El padre nuestro Ponsonby, señor de nuestra tierra 

Pero, ¿de quién estamos hablando? Estoy segura que alguna vez han leído su nombre, o lo habrán escuchado al pasar en alguna clase de historia. Este último fue mi caso. Sin embargo, son nombres que rápidamente uno olvida. Hasta que alguien te lo recuerda. Hablo de John Brabazon Ponsonby, mejor conocido como Lord Ponsonby. «Padre», «inventor», «partero». Nació en 1770 y falleció en 1855. No desperdició su tiempo en vida para nada. Tuvo un rol casi protagónico en la creación de ambas naciones. ¿Cómo llegó a estos lugares? ¿Por qué? Su error, que terminaría con la creación de dos países, fue ser el amante de la amante del rey Jorge IV de Inglaterra, Elizabeth Conyngham.

Jorge IV se enteró a través de los escritos de Harriet Wilson, “una suerte de revista de la época”, según cuenta Ramiro. Quiso, entonces, mandarlo al último lugar del mundo, el Río de la Plata. Debe ser de los destierros con más elegancia hasta el día de hoy.

Embarcó, entonces, en 1826 bajo el título de Ministro Plenipotenciario del Reino Unido. Comienzan así sus misiones diplomáticas. Las convulsiones provocadas por la Guerra de la Provincias Unidas del Río de la Plata y el avance del Imperio del Brasil le hizo llegar a una conclusión: primero, intermediar entre las Provincias y Brasil, y segundo, proponer la independencia de la Provincia Oriental. En 1828 se creó, a través de la Convención Preliminar de Paz o Tratado de Montevideo, el Estado de Montevideo, que pasaría a llamarse Estado Oriental del Uruguay y, luego, República Oriental del Uruguay.

Dos años después, en 1830, fue enviado a Bélgica para promover el ascenso de Leopoldo I al trono. En ese momento, comenzaría una especie de “hermandad de escritorio” entre ambas naciones.

Poco se sabe de su aspecto físico, de su manera de vestir. Pero se dice que era lindo. Un irlandés que trabajaba para el Imperio Británico y cuya su belleza descomunal era tal, que durante una revuelta en París quisieron detenerlo y matarlo en la horca, hasta que un grupo de prostitutas -que tenían un rol prominente en las revueltas- detuvieron la operación porque un hombre tan hermoso no podía ser ejecutado. 

Durante la investigación del equipo de producción del film encontraban cada vez información más peculiar y llamativa. Cuenta Ramiro que era un lord en todo el sentido de la palabra. Una persona hábil con la retórica, la espada y el rapé. “Un hombre extremadamente diplomático, que jugó muy bien las cartas de la geopolítica”, cuenta. Lo que consideraron como lo más llamativo es que, a pesar de ser un hombre tan diplomático como mujeriego, no tuviese descendencia.

¿Cómo se transforma este descubrimiento en un film?

Yo no creo haber descubierto nada. Lo que se transformó en una película fue la intensa necesidad de hurgar en la historia no tan contada de mi país, de nuestro país, y creo que lo que se transformó en una película fue una fuerte visión que me atravesó en un tren, mal dormido. Venía viajando solo desde París a Bruselas, y cuando me despierto y miro por la ventana, veía una penillanura levemente ondulada y vacas, y por un momento pensé que estaba en la Ruta 5 en Uruguay. No, estaba en Bélgica. 

Esos días viajando solo, cuando tenía encuentros con personas me gustaba preguntarles si sabían quién era Lord Ponsonby, si sabían que somos hermanos, Uruguay y Bélgica, los uruguayos y los belgas. Me dieron muchas ganas de filmar eso, filmar esas reacciones. Luego se fue profundizando cada vez más.

La investigación fue llevada a cabo magistralmente por Pablo Ibáñez, que es nuestro coordinador de investigación histórica. Ha hurgado en profundidad en todo lo que tenemos a disposición, tanto en Uruguay como en Bélgica. Además, dimos con un acervo, un archivo familiar de los Ponsonby en Irlanda, cuando conocimos a Caroline Talcot-Ponsonby, una de sus últimas descendientes. Ahí dimos con una data que no está en ningún otro lugar y podríamos decir que es casi inédito.

¿Por qué el nombre Ponsonbyland?

Es un término acuñado por un gran historiador que hubo en este país, Washington Reyes Abadie. Era un hombre muy provocador. Él bromeaba mucho con que, en realidad, más que República Oriental del Uruguay, que es una frase descriptiva de una situación geográfica, deberíamos llamarnos “Ponsonbyland”, somos los hijos de Ponsonby.

Era un gran provocador. Y mucha gente no sabe leer entrelíneas. Estamos en una pandemia de la pérdida del sentido del humor, estamos en una pandemia de la no captación de ironía. Mucha gente piensa que el nombre de nuestra película es apologético, como que es una oda al Embajador británico, y no, en realidad es una mezcla entre chiste y provocación.

Hay una frase que me gusta mucho, de Leonardo Castellani: “No habrá independencia hasta tanto un país no piense por sí mismo”. Yo agregaría a la frase de Castellani, que hasta que un país no se ría de sí mismo tampoco la habrá.

¿Cuándo y cómo comenzaron a realizar el rodaje?

Comenzamos a filmar tímida, exploratoriamente, en fase de desarrollo del proyecto todavía, sin saber bien qué íbamos a hacer con ese material y a dónde íbamos, en noviembre del 2022. A la primera persona que entrevistamos fue a mi querido amigo Guillermo Vázquez Franco, un amigo y un mentor, que lamentablemente falleció hace pocos días atrás [3 de marzo de 2025] a sus 100 años. Él fue el que levantó la mecha de revisar la historia oficial, de pensar por nosotros mismos, la historia oficial, ejecutar un ejercicio de historiografía sana para todos y todas.

¿Qué relevancia creen que tiene este film -y su investigación- en la creación de conocimiento de la historia nacional?

Creo que era necesario. Creo firmemente que era necesaria la creación y la divulgación de este conocimiento de la historia nacional. Por eso es que nos subimos al tren, absolutamente convencidos nos subimos al tren.

¿Qué similitudes y diferencias encontraron entre ambos países?

A pesar de que la Historia -con mayúscula- es un componente transversal del documental, la historia, la historiografía, la geopolítica, es un documental que intenta abordar un tema muy universal que es la identidad. Nosotros hicimos todo esto para intentar abordar la gran pregunta de ¿cuánto incide, en la forma que nacen los países, en la idiosincrasia a posteriori de los habitantes de esos países? Ha sido un viaje de preguntas a base de preguntas.

¿Cuáles fueron los obstáculos?

La época en la que vivimos es una época muy paradójica. Muy bizarra. Se consume audiovisual como nunca antes en la historia humana; a cada hora, cada minuto, cada segundo, hay un consumo de audiovisual por parte de las personas a nivel mundial en todos sus formatos, y sin embargo, los costos de producción siguen siendo elevadísimos, más cuando se trata de una película independiente. Algo que seguimos todavía intentando solucionar es el financiamiento del film, por eso adoptamos una campaña de crowdfunding para que todos los que quieran colaborar y formar parte del proyecto como micromecenas, puedan hacerlo.

¿Qué aprendieron durante esta investigación?

Yo comprobé, como nunca antes en mi vida, que el cine es una disciplina física. Tiene mucho más que ver con el boxeo olímpico, que con cualquiera de las bellas artes. Es duro. Es duro y te pone a prueba todo el tiempo. Son miles y miles de decisiones y microdecisiones que se toman en muchas instancias y, bueno,  tenés que sobrevivir.

¿Cómo se puede hacer para ayudar al proyecto?

En este momento nos encontramos en plena etapa de finalización de la película y por ello estamos llevando a cabo un crowdfunding para terminar de financiarla. Todos los que estén interesados en convertirse en colaboradores del proyecto y llevarse algo a cambio escribir a: info@lazanjaproducciones.com

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