Reseña de Mirar la mente de Ana Silva, Paula Pouso y Pablo Casacuberta. Estuario-Gen, Montevideo, 2021. 188 páginas.
A fines de noviembre del año pasado se dieron a conocer los Premios a las Letras correspondientes a 2021. El jurado en la categoría «Ensayo sobre Investigación y Difusión Científica», integrado por Marcel Achkar, Rodrigo Arocena y Pablo Zunino, decidió otorgar el primer premio (y único) al libro Mirar la mente, de Ana Silva, Paula Pouso y Pablo Casacuberta, una edición conjunta entre Estuario y Gen Centro de Artes y Ciencias.

Es difícil transmitir el entusiasmo que me ocasiona este libro, no por las seguridades o las certezas que pueda generar, sino por la hipótesis y el principio que subyace en cada página: las búsquedas científicas y artísticas tienen aspectos en común; son formas de conocimiento distintas, pero existen importantes zonas de contacto entre ellas. El camino que transita el libro, la puerta que abren sus curadores son un principio para desatar una nueva relación entre los fenómenos sociales y la biología, lejos del determinismo en la explicación y de la subordinación de unas disciplinas a otras. Ahí está la clave del libro, su aspecto innovador: originar las condiciones para el diálogo productivo entre el arte y la neurociencia.
Un concepto central para el proyecto y para el producto final es el intercambio: el libro está organizado sobre el eje de una serie de ocho encuentros entre dos personas que comparten sus búsquedas. En ese sentido, cada capítulo está estructurado con una presentación de los interlocutores (con retrato y breve curriculum vitae), la transcripción y la edición de la conversación registrada, un texto de cada participante sobre la experiencia y una obra visual elaborada en conjunto. Las duplas en cada capítulo están conformadas por: Álvaro Cabana y Magela Ferrero; Luciana Benedetto y Alfredo Ghierra; Paula Pouso y Andrea Arobba; Leonel Gómez y Matilde Campodónico; Patricia Cassina y Gustavo Genta; Flavio Zolessi y Fernando Foglino; José Prieto y Rita Fischer; Ana Silva y Matías Paparamborda.
Mirar la mente presenta los resultados de esos encuentros en un libro intenso, bello y lujoso, podría decirse. Tiene una gran calidad en sus materiales, en el diseño, a cargo de Lucía Boiani, y en el excelente trabajo de fotografía, a cargo de Pablo Casacuberta (registro de entrevistas), Tali Kimelman (retratos) y Gabriel Bendahan (obras). El resto del equipo incluye la producción ejecutiva de Laura Gutman y Juan Ciapessoni, y la asistencia de Jacinta Bervejillo, además de la edición a cargo de Juan Ignacio Fernández y la administración de Ana Mariño. También fue parte del proyecto Andrea Arobba, codirectora de Gen y participante de uno de los capítulos del libro. Rescato esta dimensión colectiva en la producción porque es otro aspecto que aparece en los distintos capítulos y que, lejos de hacer un canto al individuo iluminado tanto en el laboratorio como en el taller, pone en valor el carácter común y dialógico del arte y la ciencia.
ENCUENTROS CERCANOS DEL TERCER TIPO
Desde el subtítulo, Mirar la mente describe, como en un colgado de prensa, el contenido del libro: Científicos y artistas uruguayos se asoman juntos al más misterioso de los procesos. Este sentido del encuentro entre neurociencia y artes como un camino para sondear el misterio de la mente se refuerza en los prólogos de los curadores: «Ambos curiosean los confines del misterio», dicen las «médicas neurocientíficas» Paula Pouso y Ana Silva; y Pablo Casacuberta enfatiza el hecho de encontrarse y compartir: «Lo hacen, como todo sujeto que acaba de conocer a su vecino, comenzando por compartir un espacio y charlar. Allí descubren, ellos y nosotros, lo que tienen en común». El tono que dan los curadores se expresa en la estructura de los ocho capítulos y se impregna en cada diálogo: la sorpresa de los hallazgos en cada proceso de investigación científica o artística, las coincidencias en la incertidumbre sobre los resultados de las búsquedas, las analogías posibles entre los procedimientos y las materias abordadas por las duplas.
Otro punto alto de Mirar la mente reside en la selección de los y las artistas y científicos: se trata de personas con vastas trayectorias, reconocidas tanto en el ámbito local como en el internacional. Esto no implica, como podría pensarse, que se trate de individuos de un mismo grupo etario, más bien parece predominar un criterio bastante equilibrado de generaciones, y también de género: son ocho varones y ocho mujeres nacidos entre 1962 y 1986. Por otra parte, los encuentros se dieron tanto en talleres como en laboratorios, y esos datos se encuentran registrados.
La lista de temas planteados es intensa y abarca aspectos como la relación entre la memoria y la asociación libre de palabras («Leyenda Matrix», de Ferrero y Cabana); el vínculo entre la memoria, los monumentos y las neuronas («Zoótropo», de Zolessi y Foglino); el sueño y el trabajo artístico («Biotero», de Benedetto y Ghierra), o las bases neuronales del comportamiento social y las bases emotivas de la actividad artística («Otra realidad inventada», de Pouso y Arobba). Otros episodios tratan acerca de qué significa y cómo se estructura el ver, tanto en la relación ojo-cerebro como en la fotografía («Donde viven las imágenes», de Gómez y Campodónico), o sobre la cuestión de la mirada, la luz y el tiempo («Fisonomista», de Silva y Paparamborda). También se reflexiona acerca del vínculo entre las estructuras escultóricas y el movimiento de las neuronas («La observación y lo hermético», de Cassina y Genta), y el que existe entre los procesos químicos en el cerebro y los procesos mentales del arte («(Des)enmarañados», de Prieto y Fischer).
El panorama es de una enorme complejidad, imposible de captar en una sola lectura. El libro aporta datos sobre detalles importantes que afectan la tarea de artistas e investigadores, piensa en los problemas éticos, toca temas vinculados al abordaje teórico de la mente y también a la importancia de los métodos y las condiciones de trabajo. Es un precioso ejemplo de divulgación científica y artística, y un objeto estéticamente valioso, que da cuenta de un proyecto más grande con muchas derivaciones posibles en el futuro. Si bien hay una gran diversidad de instituciones artísticas y científicas involucradas, hay una presencia muy fuerte del ámbito público, en especial de personas pertenecientes a la Universidad de la República (Udelar) y al Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable del Ministerio de Educación y Cultura (MEC). En ese sentido, Mirar la mente resulta una propuesta muy potente de Gen para estimular más diálogos que involucren a otros actores, por ejemplo, a la nueva Facultad de Artes de la Udelar y a la Dirección Nacional de Cultura del MEC.









Deja un comentario