El proyecto editorial La Propia Cartonera es una experiencia única en el campo editorial uruguayo. Comenzó en 2009 y culminó el 11 de octubre de 2019, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Montevideo. Este artículo es un repaso de sus características desde una perspectiva del trabajo territorial que llevó adelante en sus diez años de vida.

Las editoriales cartoneras surgen en Argentina a partir de la situación social de crisis que atravesó el país en 2001. El proyecto más visible y la vez pionero fue el de Eloísa Cartonera, editorial fundada por Washington Cucurto (Santiago Vega) y el artista plástico Javier Barilaro. Tal como señala Bourdieu, el libro es “un objeto de doble faz, económica y simbólica, es a la vez mercancía y significación; el editor también es un personaje doble, que debe saber conciliar el arte y el dinero, el amor a la literatura y la búsqueda del beneficio” (Bourdieu, 199: 242). El proyecto de Eloísa Cartonera mantiene este carácter doble: es por un lado un proyecto social donde se promueven nuevas lógicas del trabajo editorial: el cooperativismo, la autogestión, el “trabajo por un bien común”; y es también un proyecto que busca intervenir estéticamente el campo literario (Ver nota de Verónica Bertoli) .

La noción de campo literario la entendemos según la perspectiva de Bourdieu como un espacio social de relaciones donde se produce aquello que una sociedad define como literatura (1995). Esta noción comparte varios elementos de lo que Rita Segato define como territorio: un espacio en el que se generan acuerdos en el orden de lo real, un “espacio representado y apropiado, una de las formas de aprehensión discursiva del espacio” (2005). El campo literario es un espacio que responde a lógicas de aquello que se entiende como literatura, al igual que también genera una noción espacial, un límite o frontera con lo otro (Segato 2005).

Las editoriales cartoneras, desde este punto de vista, generan un desajuste en la percepción del espacio en la medida en que expanden la frontera del territorio mediante prácticas que involucran a sectores desplazados de las lógicas letradas y editoriales. Un hecho que da cuenta de esto es el relacionado al soporte físico de sus libros: el cartón utilizado como material de trabajo es comprado a los cartoneros a un precio mayor que el de los supermercados. Este punto muestra el grado de intervención social pero también literaria: los cartoneros se integran a la cadena de elaboración de libros, se relacionan directamente con los editores y, en algunos casos, con potenciales lectores o espectadores de alguna actividad de la editorial. Este punto es notorio en el caso de La Propia Cartonera.

La Propia Cartonera: el cartón en Uruguay

En el caso de Uruguay el fenómeno cartonero es tardío. Recién en el año 2009 aparece el primer libro de La Propia Cartonera. El surgimiento de este proyecto no parece responder a los mismos factores que el caso argentino. La lógica del trabajo editorial es similar: comprar cartón a un mejor precio a las personas que viven de recolectarlo, generar una lógica de trabajo comunitario, desplazar al público objetivo de los eventos literarios hacia la periferia de la ciudad: Nuevo París en el comienzo y La Teja hacia el final del proyecto.

Sin embargo, como podemos ver en esta entrevista realizada a su fundador, Diego Recoba, en el año 2012 gran parte de la necesidad de este proyecto respondió a inquietudes estéticas y a la relación entre arte, literatura y fraternidad, es decir, salir de la lógica protocolar de los ciclos de poesía, encuentros literarios y eventos editoriales hegemónicos para proponer una forma de encuentro que responde a una nueva sensibilidad:

Con unos amigos del barrio armamos un grupo con el cual queríamos hacer una comedia musical, la misma se llamaba Lágrimas de Chipre. Con el tiempo dejó de ser el título de la obra que queríamos hacer para ser el nombre de nuestro grupo. Al final, la obra nunca la hicimos, pero en las largas reuniones hablábamos mucho sobre cultura y arte en general, el estado de la cuestión en nuestro país, las virtudes, los defectos, las carencias. Siempre llegábamos a lo mismo, había que hacer una práctica artística que interviniera fuertemente en la realidad, dejar de lado el arte íntimo o individual y generar un arte relacional, donde fuese más importante el trabajo que la inspiración o el talento, donde tuviera más fuerza el encuentro, los vínculos y las relaciones interpersonales que una obra artística en sí. (…) Entonces, en julio de 2009, largamos la cartonera. Para elegir el lugar no hubo ningún tipo de dudas, iba a ser en Nuevo París, el barrio en el que vivíamos y en el Clase A, el bar en el que íbamos a beber y jugar al pool. Los integrantes del proyecto, nuestros propios vecinos. Y así arrancó, con los vecinos de un asentamiento cercano, allí había recolectores de basura y los convocamos al igual que a sus hijos.

Repetto, Jimena. (2012) “Palabras propias”, entrevista a Diego Recoba.

De estos encuentros entre amigos es que nacería en el año 2009 La Propia Cartonera, y comenzaría su andamiaje pisando fuerte. En su primeros dos años de vida había publicado más de una treintena de autores de diversas nacionalidades: uruguayos, argentinos, chilenos, paraguayos y mexicanos. Las presentaciones de sus libros fueron eventos muy concurridos y mantuvieron de manera expresa su estética de fidelidad a los lugares donde el proyecto había surgido: los barrios trabajadores de Nuevo París y La Teja, localidades en las afueras de Montevideo donde no hay presentaciones de libros, ni librerías, cines o teatros.

El contexto literario/editorial en el que se inscribe este fenómeno es muy similar al contexto argentino. Uruguay sufrió una crisis económica análoga a la Argentina en el año 2001, esto generó un aceleramiento en los procesos de globalización cultural que inciden notoriamente en las relaciones entre economía y cultura dando lugar a la aparición de nuevos actores en la escena cultural (Szpilbarg 2012). Como señala Wortman, el escenario editorial puede estructurarse de la siguiente manera: a) la industria cultural transnacional, que comprende a los grandes sellos multinacionales; b) una escena independiente, vinculada a las políticas culturales, presente en nuevos espacios urbanos y en la red; c) un nuevo escenario producto de las nuevas tecnologías, que ha permitido el surgimiento de nuevos bienes culturales y nuevas sociabilidades (Wortman 2009).

La aparición de La Propia Cartonera, representa una intervención expresa en el campo cultural uruguayo a varios niveles. Uno es el literario: su catálogo de orientación latinoamericana (al igual que el de Eloísa). El segundo es el editorial: la estética de confección cartonera, la “despreocupación” por los cánones tradicionales de cómo debe ser un libro. El tercero es ético, o bien performativo: la desacralización de la edición, la desacralización de los eventos literarios, la desacralización de los cuerpos que se juntan para festejar el libro como un acontecimiento y no como una instancia profesional (por más que igual lo sea).

Hay que destacar el rol fundamental de las editoriales cartoneras en la movilización y democratización de los bienes culturales, ocupando, desde esta perspectiva, un lugar educativo emancipador por medio de la presencia en territorio. Como señala Carlos Gomes da Costa “la presencia es una habilidad que se adquiere fundamentalmente en el ejercicio del trabajo social y educativo”. La práctica editorial cartonera abre vasos comunicantes entre el campo literario y un sector de la comunidad usualmente excluido de los ámbitos letrados permitiendo la renovación de perspectivas sociales y literarias, la generación de nuevos cánones estéticos, así como el diálogo artístico-educativo entre diferentes actores del barrio.

Final: editoriales cartoneras & editoriales universitarias

Dicho esto, surgen las siguientes preguntas: ¿se leen los libros cartoneros? ¿la gente compra libros cartoneros en las librerías? Ya que lo relacional y vincular es tan importante para este fenómeno, ¿no será que se agota en eso? En este sentido es quizá una crítica importante que se le puede hacer a este y a otros fenómenos editoriales cartoneros y no sólo cartoneros. Para ejemplificar, aunque diametralmente diferente en sus recursos y en sus características materiales, los libros universitarios padecen de problemáticas análogas:

Tal como señala García Fong, las motivaciones de las editoriales universitarias pueden ser múltiples y, muchas veces, por contar con presupuestos predeterminados que no necesitan de las ventas para financiar las ediciones, éstas se realizan sin pensar en el impacto que tendrán. De esta manera, muchas veces las editoriales universitarias producen libros sin un propósito definido más allá que el de cumplir acuerdos o cuotas de publicación, dejando aspectos fundamentales de lado (Sablich 2019).

Si pensamos los proyectos editoriales universitarios y cartoneros en paralelo podemos ver los siguientes puntos de encuentro:

-Ninguno de los dos persigue un objetivo económico.

-La venta de los libros no se hace (en su mayoría) por medio de librerías.

-Los editores de libros cartoneros, tanto en el caso de Eloísa o de La Propia provienen del ámbito universitario.

-La elaboración del catálogo de Eloísa Cartonera al igual que el de La Propia tiene un gran énfasis en la literatura latinoamericana contemporánea. Puede inferirse que el lector objetivo de estos libros es también universitario.

Cabe resaltar que en ambos casos el trabajo editorial es más un complemento a otras tareas (la académica en el caso universitario, la literaria en el caso cartonero) que un mecanismo de trabajo solvente. Sin embargo, cuando pensamos en lo performativo de los proyectos, y en cómo estos mecanismos se relacionan a nivel simbólico, vemos que las editoriales cartoneras se encuentran en las antípodas de las editoriales universitarias. Mientras las primeras trabajan con lo que tienen, las segundas muchas veces editan para descomprimir un fondo ya asignado. Mientras las cartoneras hacen de la edición una forma y praxis de vida, la edición universitaria parece resguardar valores editoriales de tiempos pasados.

Bibliografía

Bourdieu, P. (1999). “Una revolución conservadora en los libros”. En: Intelectuales, política y poder. Buenos Aires: Eudeba.

—. (1995). Las reglas del arte. Barcelona: Anagrama.

Colleu, G. (2008) La edición independiente como herramienta protagónica de la bibliodiversidad. Buenos Aires: La Marca.

Gomes da Costa, A. (1995). Pedagogía de la presencia. Introducción al trabajo socieducativo junto a adolescentes en dificultades. Buenos Aires: Losada.

Sablich, L. (2019). “La actividad editorial como herramienta de intervención y transformación social”. Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires / Sholem Buenos Aires).

Segato, R. (2005). «La Nación y sus otros. Experiencia territorial». En: Piazzini, Carlos Emilio (Comp.) (Des) Territorialidades y (NO) lugares: Procesos de configuración y transformación social del espacio. Medellín: INER (Instituto de Estudios Regionales) Universidad de Antioquía/Hombre Nuevo Editores.

Szpilbarg, D. y Saferstein, E. A. (2012). “El espacio editorial ‘independiente’: heterogeneidad, posicionamientos y debates: Hacia una tipología de las editoriales en el período 1998-2010″. Disponible aquí.

Wortman, A. (2009). Entre la política y la gestión de la cultura y el arte. Nuevos actores en la Argentina contemporánea. Buenos Aires: Eudeba.

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