I

En el tiempo de la memoria no hay pasado, ese que los historiadores escudriñan con la precisión del relojero, hay un presente lleno de fantasmas. Los 11 relatos que componen Mañana de Lucía de León se tejen sin orden aparente entre la infancia, la adolescencia, la juventud y la adultez de una misma primera persona. O al menos ese es el efecto que genera, la ilusión de un mismo yo que recuerda y cuenta: 

A veces el pasado es eso, cajas dentro de otras cajas que se van encontrando en la memoria. La caja más pequeña muchas veces guarda un mensaje y otras veces nada, es sólo como apagar la luz (25). 

Una parte de la poética del libro se resume en esta pequeña cita de “Grandes días” el segundo cuento del libro. La otra en una cicatriz de la infancia que aparece en “The John Lennon collection”, el primer relato. Porque la memoria, este presente lleno de fantasmas, deja marcas en el cuerpo, así como los cuerpos dejan marcas en la memoria. El cuerpo que cae del techo en “Darse cuenta”, el cuerpo que da nacimiento en “Agua”, o solamente una sensación como en “El resplandor”:

Ahora lo comprendo. Un recuerdo puede diluirse en el tiempo y dejar sólo la sensación, la idea (72). 

Todos los relatos de Mañana hablan de la memoria, de su dialéctica entre el recuerdo y el olvido, del trabajo por momentos ingrato de recapitular, del azar con el que el pasado irrumpe, unas veces con violencia, otras en un detalle: un vaso con limones estampados o la tapa de una revista con la cara del Burrito Ortega.  

II

En 1964 Mario Benedetti publicó “Literatura de balneario”, un texto que después incluyó en Literatura uruguaya del siglo XX. El ensayo registraba un fenómeno que el crítico equiparó, irónicamente creo, con la literatura gauchesca o la literatura de la ciudad. No era que la literatura uruguaya no tuviera balnearios antes, pero eran solamente un escenario, o un dato menor, lo importante estaba en otro lugar. Lo que le preocupaba no era el nuevo escenario, después de todo, afirma Benedetti, no teníamos nada para dar desde el punto de vista de la geografía, sino esa franja costera. Lo que quería encerrar en el concepto de “literatura de balneario” era, por un lado, que instalaba personajes “casi” estáticos:  “Mientras conversan largamente sobre la arena, no pueden actuar. Flirtean, discuten, se malentienden: tres especialidades uruguayas”. Y más adelante, el corazón de su malestar: “La calle es conflictual, el campo es conflictual; solo la playa es idílica”. El remate del artículo es un reclamo a los nuevos escritores de balneario:

A veces, aunque resulte incómodo, aunque incluya un sacrificio, hay que darle la espalda al mar y sus alegres gaviotas, y mirar un poco hacia la comarca  y sus lúgubres cuervos. 

A esta altura se preguntarán a qué viene meter un viejo artículo de Benedetti en la discusión. Y puede que tengan razón. Pero en cuanto apareció el balneario en Mañana los ecos del artículo se me colaron en la memoria. Lo leo, en estos días, y me resulta injusto el reclamo de Benedetti. Luego pienso que está firmado en 1964, que estamos en 2025 y la diversidad de la literatura uruguaya es tan o más importante que retratar la comarca y sus lúgubres cuervos. Pero pienso que el anacronismo no es suficiente, que hay algo más, que los cuentos de Mañana podrían pensarse bajo la categoría “literatura de balneario”, y que sería interesante contar cómo siguió la historia de esa tendencia, la que Benedetti vio y la que no pudo ver. Porque de pronto entre los médanos y las alegres gaviotas aparecen la memoria y el cuerpo, de pronto esa memoria se llena de conflictos, de deseos que despiertan. 

Me detengo. Es injusto. Tan injusto como resumir la literatura de los jóvenes de 1964 en el balneario, en cierto escapismo. Después de todo los cuentos de Mañana apenas muestran el balneario. Pero algo me dice que podrían ayudar a repensar la categoría, a seguir la historia. Después de todo escribo esto en y desde el balneario, mi lugar en el mundo, no el lugar en el que veraneo.  

III

Hay un mecanismo habitual entre las personas que leen libros: lo levantamos de la mesa en una feria o en una librería, lo giramos y leemos el texto de contratapa. Nadie nunca sabrá qué grado de influencia tienen esos textos en la decisión de comprar un libro o no, pero están allí para que digamos algo. La creencia que mantiene la práctica de los prólogos o la de pedir textos breves a autores reconocidos, es que estas opiniones transfieran algo del prestigio del escritor o crítico al nuevo libro y, como consecuencia natural, animen a comprar el libro. 

La contratapa de Mañana tiene dos párrafos, uno firmado por Daniel Mella y otro por Leonor Courtoisie. La autora participó en el taller de escritura de Courtoisie y actualmente lo hace en la Usina Literaria de Mella, según figura en la solapa. Pero por si esto resultara poco, la autora consigna su relación y su deuda con ambos en la página de agradecimientos al final del libro. Entonces la presencia de Mella y Courtoisie va más allá de la vieja y tradicional práctica de legitimación crítica, ambos tuvieron un papel importante en la factura del libro. Podrán corroborarlo ustedes cuando levanten el libro en alguna librería o feria, o cuando la editorial Club se los lleve a su casa. No dejen de hacerlo porque Mañana de Lucía de León es un gran libro. 

Mañana de Lucía de León (Montevideo, Editorial Club, 2023, 96 páginas)

2 respuestas a «La memoria es una cicatriz»

  1. Avatar de TallerdeWilly Srl
    TallerdeWilly Srl

    Coincido plenamente con Alejandro. Mañana, la «opera prima» de Lucía de León es un gran libro. Hay mucha poesía y belleza en esos 11 cuentos. Hay memoria, hay dramatismo y hay humor también. Desde ya estamos esperando el próximo éxito de esta autora joven y talentosa.

    Le gusta a 1 persona

  2. Muchas gracias por tu lectura. Muy cierto todo. Esperaremos la obra que está por venir con entusiasmo. Saludos

    Me gusta

Deja un comentario

Trending