El pasado diciembre el poeta Manuel Barrios me invitó a participar en la presentación de su último libro. Publicado por la editorial Milena Paris, Soma viene a concluir su largo proyecto poético Telos/Virga. Luego de la presentación decidimos compartir, a través del portal sujetos, una pequeña muestra de la charla. Si bien considero que este fragmento compone una parte de la experiencia que un lector atraviesa cuando ingresa en la obra ‒temas, conceptos, conflictos e investigaciones‒, acercarse a la poesía de Manuel Barrios es una forma de pensar la palabra, pero sobre todo el cuerpo como destino de la obra.
Andrés León Miche
¿Si tuvieras que mostrarle una primera puerta de entrada a ese lector, qué libro del proyecto te parece mejor y por qué?
Creo que el libro que mejor presenta la obra es Yoga (2011). En él están las claves que posteriormente fui desarrollando en los diferentes trabajos. La idea de “unión”, a la vez que la de “raíz” configuran la simiente desde la cual se comenzó a escribir el Telos/Virga. La escritura fue el testimonio de un proceso de búsqueda atravesada por el Yoga, el Zazen, la medicina china, en la cual la literatura saltaba al plano del cuerpo, como pasa usualmente con los textos religiosos. Me interesó este lugar de filosofía práctica, la posibilidad de escribir un manual para mi ser del futuro explicando cosas que aún no conozco.
¿Cómo imaginas el lugar del lector en lo que haces, cómo está compuesto ese lugar entre lenguaje, territorio, teoría?
Espero que sea un lugar de diálogo donde se generen más preguntas que respuestas. El lugar de escritura es también un lugar de lector: el escritor lee, cuando escribe, un libro imaginario. Por otro lado, también apelo a la posibilidad de que el lector juegue un rol detectivesco que implica buscar claves, huellas perdidas en la literatura al igual que en la tradición oral. En ese momento en el que un texto nos hace movilizarnos y nos ponemos a rastrear ideas y puntos de vista ya estamos, como lectores, en un ejercicio de creación y escritura.
Hay un evidente camino intertextual: epígrafes, citas, prólogos, introducciones, paratextos. Un diálogo constante con la lectura en todos tus libros, la lectura de la propia obra y la de otros textos que conversan y hacen una masa de recursos para seguir leyendo. ¿Qué lugar ocupa la lectura en tu trabajo, cómo se ordena ese ejercicio en lo cotidiano, y cómo sobrevive el hábito en una vida llena de exigencias que son de otro orden vital?
La lectura es, antes que otra cosa, una compañía. Sobre todo porque las lecturas que nos acompañan son aquellas que elegimos, no aquellas que se nos imponen. A veces nos imponemos lecturas, casi sin saberlo, decimos “Debería leer esto. No puede ser que pase el tiempo y no haya leído esta obra”. El mandato por la lectura puede encuadrar nuestro deseo dentro de parámetros que nos restan la posibilidad de elegir. Nos aproximamos hacia una época donde la lectura dará un salto cualitativo en cuanto a su experiencia. La secuencia de lectura se hace más rica cuando se aprovechan todos los recursos que permite la página, esto también se extiende al plano discursivo. Valerse de la cita, el paratexto, los títulos, las tipografías, el tamaño de fuente para que la experiencia de lectura se aproxime a la del montaje, un verdadero viaje que realizamos mientras leemos.
¿Por qué decidiste leer desde tradiciones exóticas?¿es una forma de leer desde lo extranjero y una forma de reflexionar sobre occidente?, y a la vez ¿es una forma de problematizar los conceptos nacionales, patrióticos, que fundan nuestra tradición europeizante y colonial?
Me permito contestar con esta pregunta: ¿Qué es lo propio y qué es lo ajeno en relación a las tradiciones literarias? Claramente hay una crítica a nuestro relato de nación, pero también al relato literario canónico. Hablar de exotismo, justamente, nos lleva a pensar en qué es lo propio y qué lo ajeno. ¿Qué reconocemos como nuestro, y qué no? Por mi parte, no me reconozco dentro del discurso de “lo nacional”, o al menos no entiendo que este concepto nos sea útil para pensarnos de forma colectiva. El discurso de “lo nacional” en relación a la literatura es algo a repensar, sobre todo en términos de relación lengua/territorio. ¿Es literatura nacional la que se escribe en portuñol? ¿Qué entendemos como autor/a nacional?
Veo algo similar a esto con respecto al circuito de lectura de la poesía uruguaya. Estamos un poco atrapados en los premios nacionales, y de ahí esta idea de que lo nacional es algo que debe ser premiado. ¿Cómo es visto desde fuera de Uruguay el término de “lo nacional”? ¿Cómo son vistos los premios a las letras nacionales de Uruguay en otros países de la región? ¿Tienen alguna importancia?
Leyendo tus libros, los límites, las dualidades, las separaciones más racionales quedan abolidas, pasamos de un estado a otro sin problema, sin interrupción. Pienso en vigilia-sueño, por ejemplo, eso está totalmente derribado, pero también vida-muerte o cuerpo-alma. ¿Qué reflexión haces sobre estas aparentes separaciones? Y también ¿cuánto hay del inconsciente en tus libros, que potencia tiene lo reprimido o lo oculto en tus libros?
Tanto el ocultismo como las doctrinas de índole esotéricas han sido recursos útiles para borrar los límites entre lo que usualmente se entiende por literatura y lo que no. Una de las obras más importantes, en este sentido, es la obra del poeta peruano Enrique Verástegui Albus IV Ética. Destaco su obra ya que ella alcanza un nivel de verosimilitud muy drástico, y esto lo hace a partir del discurso del yo lírico.

Vivimos un tiempo paradójico en relación al objeto libro: nunca se publicaron tantos, nunca hubo tantas categorías, nunca se produjo tanto. Desde la ficción hasta la producción académica, hay un desborde de materiales y una superproducción del objeto. Pasamos del librero erudito del siglo XX, al librero del siglo XXI que sobrevuela las mesas y orienta como puede avasallado por las novedades que llegan semana a semana. Se celebra el objeto y la historia del libro en estudios, fechas, encuentros, ponencias, un sin número de ferias que van desde lo periférico e independientes, hasta grandes lugares con días para editores y empresarios del rubro que hacen negocios y proyectos editoriales. Todo eso en medio del cambio tecnológico, la inteligencia artificial y un contexto en el que el soporte material de una idea quedó modificado para siempre. Se lee de una forma nunca antes conocida. En medio de los conflictos y las nuevas formas de leer la voz lírica de tus libros suena más con la idea del palimpsesto que con el archivo guardado en un pendrive.
Seguramente la idea del palimpsesto es un poco la de la propia cultura y, por tanto, de la escritura. Escribimos sobre las huellas de nuestros antepasados, hacemos nuestro camino, nuestra ruta, nuestro mapa imaginario. Creo que fue al poeta chileno Héctor Hernández a quien escuché definir al Neobarroso como una práctica para encontrar la poesía dentro del barro, a diferencia del Barroco que realizaba su búsqueda en los campos de la nobleza.
Desde esta perspectiva, el pensamiento poético busca lo que todavía sigue vivo a expensas de la hipermercantilización, que no es otra cosa que la desposesión absoluta. Lo poético es un decir interior cuya lectura manual se almacena en libros.
Hace unos días salimos con un amigo a buscar moluscos en la playa. Después de unos minutos, mi amigo había encontrado veinte y yo apenas uno. Al principio pensé que él estaba sobre el buen lugar de la arena y yo no, pero después, me di cuenta que los moluscos estaban por doquier, la diferencia era que él sabía reconocerlos mientras yo los confundía con piedras.
¿Hay una búsqueda de la reescritura a través de los libros sagrados, tallados, dibujados ‒papel, papiro, piedra‒ para rescatar una grafía antigua y una tecnología menos mediada por la máquina?
Hay una búsqueda de lo que Jerome Rothemberg llamó los “técnicos del sagrado”, es decir, un corrimiento del ojo hacia textos de discursos y tradiciones que no necesariamente fueron integrados en el canon occidental de Bloom (por nombrar uno). Las inscripciones en las lápidas, los carteles de las ciudades, las historias que nos cuentan nuestros abuelos, el nombre con que las diferentes lenguas nombran a los vientos, las plegarias, los textos religiosos o incluso aquellos que fueron considerados, en su época de índole científica, todos estas historias y textos han logrado escaparse de los concilios, las agencias de edición y las productoras de sentido; algo tienen para decirnos y es nuestra tarea volver a contar esas historias para que no se olviden.
¿Cuánto hay de una poética visionaria en el proyecto Telos/Virga?
Telos/Virga es una pregunta que libro a libro se ha ido nutriendo, complejizando, adaptando, y que al día de hoy es también una inquietud sobre el devenir del discurso poético. Se ha hecho patente la presencia de los algoritmos en las redes sociales, sin embargo estos algoritmos siempre estuvieron presentes en tanto organizadores del discurso y son los centinelas de la propia palabra. Es posible que la poesía, con todo lo que tiene de sagrada y arbitraria, sea uno de los bastiones de resistencia a las políticas de jerarquización de sentido cuyo impacto se organiza por medio de la imagen. El poema manifiesta una oposición a la imagen visual a partir de la expresión gráfica (por medio de la letra) de un recuerdo momentáneo o imágen acústica, como un sendero de huellas hacia algún lugar de nuestra memoria. El testimonio de esa visión, ya sea canto o relato, interpela la propia interioridad del lector. El camino de la escritura es un contrajuego en el plano simbólico a la hegemonía de la imagen en tanto eslabón de las redes sociales; es un cambio de nivel, una descontextualización que lleva la obra a un territorio diferente con el objetivo de transformar, al menos en el transcurso del tiempo de lectura, las reglas del lenguaje.










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