Al atravesar la tapa gris y el título El diablo en los detalles, el lector se encuentra con cinco relatos. En ellos resaltan detalles que, en una primera lectura, podrían pasarse por alto. Pero no se pasan por alto. No se puede. Están allí para ser protagonistas, mientras están disfrazados de extras. El libro es de Hugo Portal, escritor coloniense, y fue ganador del tercer concurso literario de la Intendencia de Colonia.
Los cinco relatos tienen, sobre todo, una cosa en común: Colonia. Si no es una ciudad, como en un relato que transcurre en Montevideo, es algún espacio característico. “Lo primero que busqué, salvando alguna excepción, es que hubiera una cuestión que se sitúe en Colonia o que, por lo menos, aparezcan locaciones de Colonia”, dijo el autor a sujetos.uy. Tomó relatos que ya tenía escritos. Estaban en su propia compilación. Eligió aquellos que tenían una conexión, una conexión rural-coloniense: la Prefectura de Colonia del Sacramento, una pradera de la que no se especifica ubicación, Conchillas, un pueblo de 545 habitantes. Escenarios del día a día. Lugares que, al menos en el departamento, se conocen o pueden ubicarse.
En cuanto al título, no es el nombre de ninguno de los relatos. Es, otra vez, una conexión. “Teniendo los cuentos ya elegidos, me gusta jugar con dichos y frases hechas”, comentó. No es simplemente una conexión que estaba en lo profundo de los cuentos, sino que fue algo también buscado. Una manera de unirlos a propósito, hacer real y visible esa unión, y no dejarlo a la suerte de los géneros: suspenso, thriller, policial. Sobre por qué elegir esa frase en particular, expresó que es “lo que se teje por detrás de las historias. Si vemos un poco en detalle los cuentos, hay historias que se van asomando por detrás del presente. Creo que eso es lo que quise demostrar en el compilado”.
Ahora, las historias. Es relevante entender los motivos del autor, pues la lectura fue otra. “La historia que [lo] empieza fue uno de los primeros cuentos que escribí. Sigue con algunas otras historias que no tienen un orden cronológico, pero los ordené para darle un poco de coherencia: que no estuvieran salteados los policiales, separarlo del que tiene que ver más con el terror, hasta el thriller sin tanta presencia policial”, explicó. Sin embargo, no fue la única manera de ordenarlos. La longitud también importó. Y, por último, el motivo: “que capturara la esencia de mi trayectoria como escritor”, un escritor que, en los últimos años, se ha dedicado casi exclusivamente al policial.
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Suelo anotar en algún papel el lugar y la manera en que comienzo un libro. Me olvidé de hacerlo esta vez. Pido disculpas por no poder decir cómo ni cuándo empecé a leerlo. Sé que la segunda y tercera vez que lo abrí fue en un Turil. Y es que Turil es mi segundo lugar predilecto para la lectura -sobre todo si no hay nadie escuchando música sin auriculares-. Sé que lo terminé en tres sentadas. Sé que anoté hasta algunos pequeños errores de edición que, aunque pasaré de largo, están. Y no está mal saber que están. A veces hay cosas que se nos pasan… como anotar el inicio de una lectura.
Leí un libro basado en Colonia en Colonia, yendo y volviendo de Colonia Suiza. Lo leí entre colonienses. Imaginense lo divertido que fue.
Otra búsqueda, que yo llamaría secundaria, es el lenguaje. Es, sin dudas, de mis detalles preferidos de este libro. Un lenguaje coloquial, desinhibido, coloniense en su máxima expresión, uruguayo por sobre todo. Un lenguaje que no teme al insulto, que no teme al único entendimiento de un lector nacional. Rural, sobre todas las cosas. Cotidiano. Nuestro. No hay un intento de elevar el lenguaje, sino de mostrar cómo realmente suceden las palabras en la boca de un peón. Es de los mayores aciertos.
Mi mayor problema fue el primer relato. Me dejó un poco exhausta y tuve que dejar reposar el libro hasta retomarlo en un viaje. ¿Me gustó? Sí. Un poco predecible, algunos errores, pero una historia con potencial. Al menos eso fue lo que escribí. El problema no fue el largo, tampoco lo pesado que pudo haberse hecho. El problema fue lo que vino a continuación. Por eso decidí agregar la explicación del autor. A pesar de lo bueno que pude sacar de un relato, el único que se acercó a lo paranormal, me pareció un cuento un poco… desubicado. Desubicado de mal-ubicado. Ubicado donde no va. Es distinto, es una apertura que guía la expectativa del lector hacia un lado, pero no sigue esa misma ruta. Un problema relativamente simple, pero engañoso.
Y es que fue una queja momentánea, un querer entender el por qué -que lo tenemos-. El resto de relatos sí se aboca más al policial, al thriller. Son cuatro relatos interesantísimos y bien armados. Una búsqueda lograda y, si se quiere, un buen camino para el autor. Espero que este texto funcione de buen augurio. Entre ellos el lector podrá encontrar: trastornos de personalidad, asesinato y desaparición de cuerpos, relaciones incestuosas que llevan a un asesinato -aunque no se sepa-. El desarrollo de los cuatro cuentos que siguen al relato fantasmal -permítanme llamarlo así-, es continuo y con un orden que no cambiaría.
A pesar de los pequeños detalles -los errores de edición y mi creencia de un cuento que está donde no debería-, déjenme recomendarlo como una lectura veraniega. Rápida, intrigante, con lindos giros de trama. El diablo está en los detalles de estas historias y es ahí donde hay que buscar.











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