En un tiempo de catástrofe global, donde lo único cierto es que todos estamos en peligro, el espacio de lectura (y por ende, de escritura) se ve en la necesidad de construir poéticas que corroan la postura funcional que muchas veces adopta el arte. Porque es terrible la guerra, pero igual de terrible es el arte que silencia los reclamos para que la guerra acabe. Es terrible el hambre, la pobreza y el consumo, pero más terrible son los dispositivos de distracción que roban nuestro tiempo de vida. La poesía de Camila Coronel se inscribe en una tradición de poéticas integradoras donde todas las herramientas (líricas, visuales, editoriales) son utilizadas para dar sentido a un discurso honesto a la vez que brutal.
Muchas de estas cosas conocidas y familiares, todas esas que llamo hogar, van a ser un día irreconocibles y lejanas para mí. Pero no creo que pueda desligarme así de tu alma.
Camila Coronel
La empresa no es simple, tampoco lo es el resultado. Hay lectores que huyen toda la vida de libros como este. Hay escritores para los que este libro puede ser una pesadilla. En el espacio que se cuece entre lo no dicho y la capacidad de decir, el libro construye su corpus. Un verdadero corpus que integra poemas visuales, poesía en prosa, crónicas, confesiones, juegos de palabras, para dejar sentadas las bases de algo que todavía no podemos ver o imaginar.
Todo lo que no se dice explota (o sangra)
Camila Coronel
(Selección de textos)

EL SOL QUE NOS ENTRA POR LOS PÁRPADOS CERRADOS Y NOS PRENDE FUEGO LOS OJOS
Nacemos solos y morimos solos. No recuerdo si es la primera vez que escucho esas mismas palabras salir de tu boca, pero es la primera vez que pienso en que no estoy tan de acuerdo. ¿Un déjà vu a medias sigue siendo un déjà vu?
Nacemos solos y morimos solos, decís, pero el piso caliente contra la piel de estos cuerpos frágiles y mortales se ríe: ahora no estamos solos, tontita.
Yo también pienso que acá la soledad crece debajo de las piedras, que brota del piso como musgo. Verde y viva, como un mundo aparte que crece bajo nuestros pies y palpita helado. A veces quiero agarrar un puñado de musgo y llevarlo a mi frente como si fuera un paño húmedo, llevarlo a tu frente, y que el musgo fresco te calme la cabeza caliente a punto de estallar.
Me gustaría presionar mis dedos contra tus sienes y sentir el corazón que late desesperado detrás de tus ojos. Me gustaría besarte, como se besan las hermanas, como me besaba mi padre: un beso en el centro de tu frente para entender qué es lo que pasa dentro de esa cabeza. Pero no lo voy a hacer, y voy a perder la oportunidad para siempre.
Un día, nosotras vamos a estar —cada una por su lado— solas. Pero en este día y a esta hora, con el sol que nos parte la cabeza al medio, yo todavía no lo he descubierto. Yo todavía no lo sé y por eso dejo pasar la oportunidad.
Un día voy a mirar hacia atrás, hacia donde apuntan los últimos rayos del sol que se hunde en el horizonte, y voy a ver tu nombre grabado en la memoria como lo que es: una ruina, algo enterrado que ya forma parte de la tierra, un panteón para todo lo que era sagrado, y voy a sentir ganas de llorar.
Pero ahora no estamos solas, ahora estamos acá, juntas.
Nacemos solos y morimos solos. Pero ahora estamos acá, no estamos solos, estamos acá y el polvo que levanta ese auto viejo cuando pasa en la calle de tierra y se nos enreda en el pelo y el cielo que se abre paso como una promesa enorme sobre nuestras cabezas.
Y por un momento, aunque sé que nosotros no vamos a ser, por un momento tenemos dieciocho y diecinueve años, tenemos quince y dieciséis, tenemos trece y catorce, tenemos sesenta y sesenta y uno. Por un momento vivimos y morimos juntos.
El sol nos entra por los párpados cerrados y nos prende fuego los ojos. El verano se va a hacer añicos pronto, pero ahora estamos juntos. La piel de mis muslos se pega a la cerámica que hierve y las piedras del piso se me clavan en las palmas de las manos, vos entrecerrás los ojos para intentar mirar al sol a la cara, y yo pienso que si quisieras, podrías mirarlo directo a los ojos.
Podríamos comernos el mundo si quisiéramos, comernos el mundo y nos podríamos atiborrar la boca con sus habitantes y llenarnos de todas sus pequeñeces, y podríamos dejarnos pedazos de carne entre los dientes, y podríamos desgarrar y golpear y despedazar y correr y coronarnos reyes y reinas, porque no estamos solos.
Nacemos solos, morimos solos, pero vivimos juntos. Y esa es razón suficiente para que este mundo siga girando.

SANTOS
Vivo bajo la mirada atenta de todos los santos de esta ciudad
que no me dejan salir impune
bajo el yugo constante
de que cada vez que salgo, te busco
De que todas estas calles
tienen que ser tu iglesia
no queda otra explicación para la devoción de algunos
Babel, has hecho una ciudad a tu imagen y semejanza
hermosa y terrible
hecha a la medida del cuerpo del pecado
hecha para que el amor quepa en las palmas de la mano
y olvidaste que aquí, el amor, es una lengua olvidada

TODO LO QUE NO SE DICE EXPLOTA O SANGRA
Todavía no sabes —o ignoras— que al dolor hay que dejarlo salir o rompe el cuerpo desde adentro, hacia afuera, para escapar. El dolor no es un perro mojado, es un animal de dientes afilados que va a perforar la carne para irse.
Esa angustia horrorosa que se te esconde en la punta de la lengua, ese dolor que tiene nombre y apellido y que cae como fruto podrido de tu árbol genealógico. Esa pena que está grabada en la memoria y si escarbas un poco ahí, dejando que la tierra se te meta bajo las uñas en ese agujero negro en el medio del pecho, podés descubrir que tiene cara y cuerpo propio. Ese dolor que sabe cuál es tu nombre completo y conoce de memoria los pasillos de la casa de tu infancia, el que te mira y se ríe porque no te animas nunca a saciar el hambre.
Todo lo que no se dice explota, o sangra. Todo eso que no se dice, todo lo que engullís para que no moleste, queda purpúreo y punzante como un órgano más, vivo y caliente y enorme en la boca del estómago. Todo lo que no se dice (todo eso que vos no decís, que dejas que agarre raíz) cae por su propio peso, o se rompe por lo punzante de sus propios huesos, por las astillas níveas de un esqueleto corrompido. Todo lo que no se dice no soporta verse en tu espejo y lo va a romper en mil pedazos.
El amor no crece en dónde no tiene espacio. Así que decí. Abrí la boca y, vomita / escupí / grita / susurra / deletrearlo / tartamudea / destroza el papel como destrozarías la carne / sacale la corona de espinas a tu dios
Todo lo que no se dice explota o sangra. Y qué complicado es quitar las manchas de sangre.

Colección Nuestro Mundo, Montevideo, 2024. 43 páginas
Podés encargar tu ejemplar de Todo lo que no se dice explota (o sangra) escribiendo a camilacoronelg20@gmail.com.

Camila Coronel (Montevideo, 2004) es poeta y artista visual. Su primer poemario, «Todo lo que no se dice explota (o sangra)», fue publicado en la colección de poesía artesanal Nuestro Mundo.









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