Voy a instalar una polémica. El único beatle que reversionó una canción de la banda y que logró superarla ha sido Paul McCartney. Hablo de la versión del MTV Unplugged de And I Love Her de 1991. Me arriesgo y lo digo: es mejor que la original del disco A Hard Day’s Night (1964). Yo no sé nada de música. Pero he buscado conversaciones con conocidos que sí son músicos, algunos de ellos profesionales, y coincidimos. Que la del unplugged es más desgarradora, que tiene un tempo lento que le favorece, que tiene mejores armonías, que tiene más soltura.

A raíz del documental Man on the Run, estrenado en febrero pasado en Prime Video, dirigido por Morgan Neville, Paul McCartney ha vuelto a mis conversaciones. El documental relata la historia de lo que pasó con el músico luego de la separación de los Beatles, específicamente con la banda que formó en 1971, junto a Linda McCartney, Denny Laine y Denny Seiwell. La narración es del propio McCartney y eso, cómo no, genera interés especial sobre una época que entregó varios discos y canciones memorables. Sin embargo, hay algunas cosas que se insinúan en el documental, pero no se responden. Y aunque me gustan los finales abiertos en el cine, con los Beatles me pasa que me gustan las respuestas. Un problema que aún no puedo resolver.

Segunda polémica. La mejor película del universo The Beatles para mí es Two of Us, del año 2000, dirigida por Michael Lindsay-Hogg, quien también estuvo a cargo Let It Be, el documental de 1970, que sirvió como base para el proyecto Get Back de Peter Jackson. Me gusta Two of Us, que fue traducida al españolcomo Un encuentro legendario por su ingenio y por su desfachatez. También por su producción punk y porque me gustaría que fuese más conocida. Porque se las arregla de variadas formas para hacer mucho con poco. Casi todo sucede en una sola locación. Y no suena ninguna canción de la banda. Habría que mostrarla en las escuelas de cine.

La trama presenta lo que pasa en un encuentro, al parecer verídico, entre John Lennon y Paul McCartney en 1976, en el departamento del primero en Nueva York. Esto, justo en el momento en que el productor de Saturday Night Live, Lorne Michaels, ofreció a los Beatles tres mil dólares para que se juntaran a tocar un par de canciones. Bajo esa premisa, la película, que tiene ese extraño encanto de parecer un documental, funciona. Aunque sus actores no sean tan parecidos a John (Jared Harris) y Paul (Aidan Quinn), pero están tan seguros de lo que hacen que el truco de magia emociona.

Hace unos días leí un texto en un diario chileno en que el autor dice: “En algún momento no tan lejano, Paul McCartney va a morir”. Tiene razón. De hecho, su frase es muy estratégica, está al comienzo de una columna en la que se refiere al presente del músico, que con 83 años, se prepara para el lanzamiento de su nuevo disco, The Boys of Dungeon Lane. El primer single se llama Days We Left Behind y desde hace unas semanas anda dando vueltas por la radio y las plataformas.

La frase sobre la futura muerte de Paul McCartney, que no es mi beatle favorito, me hizo pensar en cuál es la gran influencia que tiene su vida en la mía. En ese viaje mental, recordé las dos veces que lo vi en vivo. 2014 y 2024. También volvieron al presente esas canciones que escuché y disfruté en mi niñez. Hope Of Deliverance y Say Say Say. Sé que no son las mejores, pero las escucho y sonrío. También sé que la referencia de Say Say Say es odiosa por el dueto con Michael Jackson, pero en esa época no sabía de la traición y la ruptura de la amistad entre ambos.

Algún día Paul McCartney va a morir y creo que lo que más me sorprende de su existencia en relación a la mía es que me he visto hablando de él y de sus canciones incluso con mis enemigos. No son muchos. A estas alturas, no sé si todavía somos enemigos. Es una palabra dura en tiempos de guerra.

Escucho canciones de McCartney y recuerdo conversaciones improbables e interminables con quienes nunca imaginé que las tendría. No me pasó eso con todos los Beatles. He aprendido del gusto y de la sabiduría de mis enemigos. Quiero creer que ellos también. Aunque no sé si comparten mi polémica opinión sobre And I Love Her. O que me guste tanto la canción Press del disco Press to Play (1986). Alguna vez dije que me gustaba porque el videoclip me hacía soñar con la posibilidad de que Paul McCartney apareciera en el Metro de Santiago de Chile, así como lo hace en el Metro de Londres en el video mientras canta la canción. También dije que estaba seguro de que en ese video había tomas con cámara escondida. El enemigo sonrió.


Créditos de la imágen de portada: Theo Wargo/Getty Images for MPL.

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