Una aniquilación liberadora (La narrativa de Juan Introini)

Introini

Alfredo Fressia y Juan Introini  en la rambla sur de Montevideo, hacia 1986 (Foto de Alfredo Fressia, tomada por Graciela Míguez)

Juan Introini (1948-2013) es el autor de una literatura densa y desconcertante, que aún ha sido poco leída y estudiada. Publicó cinco libros de ficción, todos suficientemente diferentes entre sí pero con características narrativas en común. A lo largo de este texto se verán algunos elementos generales de su obra y otras particularidades de cada uno de sus libros: El intruso (1995), La llave de plata y otros cuentos (1995), La Tumba (2002), Enmascarado (2007) y El canto de los alacranes (2013).

Juan Introini, además, fue profesor egresado del IPA y Licenciado en Letras por la FHCE de UdelaR, donde ejerció como docente de Lengua y Literatura Latinas y fue Director del Departamento de Filología Clásica, y un investigador fundamental en su área en relación con la literatura uruguaya del siglo XIX. Se dio a conocer tardíamente como escritor de ficción con su libro El intruso. Este primer volumen de relatos contiene ciertos rasgos de inmadurez, pero no un sentido peyorativo, sino en relación a sus textos posteriores, a partir de cambios en su estilo de escritura. En este primer libro se perfila un distanciamiento del realismo en el que se introducen elementos –siempre discutibles y complejos de catalogar–, que pueden considerarse dentro de las categorías de lo fantástico, lo raro, lo extraño, lo insólito, etc.

La madurez o el cambio de estilo puede observarse ya en su segundo trabajo: La llave de plata y otros cuentos (1995), en el que se advierte un enfoque diferente en el modo de escritura. Se puede pensar que la temática de lo fantástico clásico (vampiros, un coleccionista de paraguas, un libro como narrador, etc.) se encuentra en mayor presencia en su primer libro que en los siguientes, ya que estos pueden relacionarse a lo fantástico a partir del trabajo de la sintaxis (ambigüedades, acciones sin motivos explícitos, saltos narrativos, etc.), o sea, a un modo de escritura.

Su tercer y cuarto libro pueden verse en conjunto, puesto que La Tumba (2002) y Enmascarado (2007) incorporan los mitos nacionales y la tradición literaria como tema. La novela La Tumba se centra en la figura de Francisco Acuña de Figueroa y el libro de cuentos Enmascarado lleva por título el del cuento que abarca casi la mitad de la obra y que recrea los últimos días de José Enrique Rodó en Europa. Ambos buscan desenmascarar estos dos mitos literarios nacionales.

De forma póstuma fue publicado El canto de los alacranes (2013), y quizá sea el libro que más se distingue de los anteriores. Es posible que el lector se incline a darle a los hechos relatados una explicación maravillosa antes que extraña o fantástica, dada la posibilidad de atribuir a uno de sus escenarios narrativos –un laberinto en un balneario– la sospecha, al menos, de la ocurrencia de hechos sobrenaturales. En este libro hay una mayor presencia de palabras y de giros coloquiales, y de diferentes estilos de expresión, generados por el cambio de narradores a través de los distintos relatos, hecho que repercute en el lenguaje que cada uno de ellos utiliza.

No toda la obra de Introini podría pensarse como fantástica o extraña, en el sentido de distanciarse de las categorías consideradas como realistas, ya que algunos relatos, aunque pocos de ellos, podrían clasificarse dentro de estas últimas. Pero, en general, su obra debe verse dentro de un marco realista y cotidiano que constantemente muestra sus contradicciones y su insuficiencia como forma de explicar la “realidad”. Entre otros elementos vinculados con esto, se puede mencionar la presencia de lo onírico, personajes en estado de trance, la existencia de organizaciones secretas, manifestaciones de muertos, posibles trastornos psiquiátricos, pero todo esto sin una explicación exacta que pueda darle al lector una solución concreta a los acontecimientos que ocurren.

En sus relatos, generalmente, se presentan hechos raros o insólitos que afectan a los protagonistas. Los personajes son arrastrados por fuerzas extrañas que les impiden mantener el control sobre las situaciones en las que se ven involucrados: un joven es contratado para llevar a cabo una insólita tarea para una Corporación en “La llave de plata” del libro homónimo, el biógrafo de un General muerto es visitado por este en “Plinio V, 5” de El intruso, las supuestas palabras manifestadas por los muertos son registradas en un cuaderno por el personaje María Pía en La Tumba, entre otros ejemplos.

Los personajes, siempre solitarios, muestran su imposibilidad de lograr relaciones interpersonales, ya que difícilmente se comunican de forma abierta con los demás. Los protagonistas parecen impedidos de alcanzar lo que pretenden y muchas veces ni siquiera buscan algo, sino que son abordados por los hechos extraños que afectan y transforman sus vidas.

En las descripciones de los individuos hay una presencia constante de sinécdoques en lugar de seres completos. El predominio de estas partes por el todo están centradas, principalmente, en los ojos, las manos y el cabello. A estos personajes fragmentados siempre les rondan las ideas de asco, hastío y rutina a las que se encuentran sometidos y que los vuelven pasivos. De ahí, que mantengan el deseo de evasión del mundo que los rodea. Así, el personaje de Rodó, al llegar a Europa, se quitará la máscara que usaba en Montevideo (en Enmascarado); el protagonista de “La llave de plata” expresará: “¡Qué asco todo!”; y los personajes de “Matinée”, de El intruso, cuando asistan al cine dirán: “Nos dejamos arrebatar completamente por la astucia de Drácula”.

En la narrativa de Introini, ni los individuos ni las fracciones de los individuos podrán tener el control frente a las situaciones que se les presentan. Las fragmentaciones muestran, a su vez, la imposibilidad de describir a los sujetos y a los objetos como un todo. Vinculado con esto, pero en un sentido inverso, ya que divide en lugar de ampliar, surgen continuidades entre lo humano, lo animal, lo vegetal y las cosas. En este sentido, hay una recurrente presencia de animalizaciones y otros elementos relacionados: la veneración de un árbol (“El árbol”, de La llave de plata) o de un objeto (“El Jarrón”, de La llave de plata) o artículos que aún mantienen las propiedades de lo que fueron construidos (muebles de caoba, de pino, etc.). De igual modo, se describen animales embalsamados que, en tanto objetos, parecen mantener la vitalidad perdida; de la misma manera, puede verse también el deseo del protagonista del relato “Naturaleza muerta” (de La llave de plata) por ser embalsamado. Por esto, la narrativa de Introini plantea una posible interconexión de todo el universo, pero en lugar de hacerla concreta, tangible o explicable, en sus ficciones se vuelve algo confuso y caótico.

En ocasiones surge la idea de que los narradores están dejando pistas para que el lector descifre claves ocultas, pero esto podría resultar simplemente un juego, dado que una de las características que se desprende de la obra es la imposibilidad de llegar a certezas. En general, en la narrativa de Introini no se encuentra presente la solución de los conflictos planteados y, en muchos casos, tampoco queda explícito hasta qué punto los conflictos son tales.

Dentro de la imposibilidad de explicar los hechos del universo, los narradores, en algunos casos, introducen elementos líricos: densidad, sonoridad de palabras, falta de puntuación. Esto le da al discurso la noción de caos, de ruptura de los géneros y de imposibilidad de expresar algo desde un solo punto de vista. Si se parte de la definición de realismo como un espejo donde ver la realidad, este modo de escritura puede pensarse como un discurso irónico frente al realista y, a la vez, si algo refleja los hechos, será a partir de una visión caótica del universo, donde las palabras son insuficientes para dar una explicación a esa realidad.

Como se ha dicho, las explicaciones de los acontecimientos siempre son insuficientes. La recurrencia a ciertos términos o construcciones (“casi”, “como si”, “parece que”, etc.) impide una completa solución a los conflictos o la hacen caer a lo largo de la trama. Un caso extremo es el uso del verbo “parecer”. Hay una presencia continua del verbo en toda la narrativa mostrando, a través de la apariencia, la imposibilidad de abordar cualquier objeto o situación (“Viviana pareció leer sus pensamientos” de El canto de los alacranes; “permaneció contemplando fijamente el brasero que ardía lento en un rincón hasta que le pareció ver surgir la silueta del viejo”, de “El senador”, de Enmascarado). Siempre hay algo que no alcanza a percibirse, que está oculto y que no se conocerá por completo. Esta idea también está presente en las máscaras, como la de Rodó en “Enmascarado” o como se puede observar en todo el libro La Tumba, en el desenmascaramiento del poeta Acuña de Figueroa.

Como un tema secundario, las bebidas tienen una presencia constante. Siempre cumplen alguna funcionalidad argumental. La acción de beber algún líquido (generalmente alcohólico o, en algún caso, indescriptible) funciona como causa o consecuencia de una tensión, para disipar malestares o como una intención consciente o inconsciente de pasar a otro estado o situación. La música también produce un efecto similar, sin embargo, ni esta ni las bebidas pueden considerarse como explicaciones finales de los hechos extraños que suceden.

En general, la obra de Introini puede verse de este modo: lo otro o lo oculto no se presenta de una manera clara y patente, pero siempre genera en el lector el presentimiento de la existencia de algo más, inexplicable, que se encuentra agazapado. La tensión narrativa siempre está en un vaivén, equilibrándose entre lo posible y lo imposible, pero, al ser lo imposible tan solo una sugerencia en sus relatos, amenazante pero sugerencia al fin, los hechos que ocurren no pueden ser considerados como estrictamente imposibles.

Podría describirse la narrativa de Introini a partir de una cita del personaje de Rodó del relato “Enmascarado”, cuando se encuentra en Europa y se ha quitado la máscara y el peso de ser quien era en Montevideo: “Comprendí que estaba llegando a ese límite en que ya resulta indiferente permanecer sin lugar en este mundo o abandonarlo en aras de una apuesta más alta o de la aniquilación liberadora”. De ahí, que los relatos sean un proceso de transformación de los personajes que, aunque puedan aspirar a una apuesta mayor, volverán a hallarse de nuevo sin lugar en este mundo para, finalmente, llegar a su aniquilación liberadora. Esta idea podría ser clave, en general, para una posible lectura de la obra de Juan Introini.

Pablo Armand Ugón


Este texto, que ahora tiene algunas variantes y algún recorte, fue publicado originalmente en la diaria el 13 de febrero de 2015, bajo el mismo título. Pablo Armand es Licenciado en Letras por FHCE de UdelaR. Ayudante de la cátedra de Literatura Uruguaya de FHCE de UdelaR. Participante, desde 2014 hasta la actualidad, del proyecto “Raros y fantásticos en la literatura uruguaya. Historia, crítica y teoría”, dirigido por el Prof. Dr. Hebert Benítez Pezzolano. Ha publicado artículos en revistas internacionales arbitradas de México y Brasil. Ha presentado trabajos en congresos y jornadas en Uruguay y Argentina. Es co-autor del libro El crimen de Delmira Agustini.

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