Una historia que ha sido contada cientos de veces. Canciones que han sonado por montones en distintas plataformas, durante distintas décadas. Un peinado que se puede identificar en cualquier lugar del mundo. Tengo la impresión de que con ellos pasa lo mismo que con Charles Chaplin. De niño lo veía en una foto y aunque no había visto nunca una de sus películas, sabía de forma automática quién era.

Cuando en la radio hablan de un tal Paul, es probable que también hablen de John, George y Ringo. Creo, y tengo muy pocas dudas al respecto, que cualquier ser humano se ha conectado con alguna u otra canción de ellos en un momento de su vida. Incluso sus detractores, que pueden odiar Yesterday y Love Me Do, pero más deben odiar que Helter Skelter y While My Guitar Gently Weeps sean también canciones de The Beatles.

¿Qué se puede contar sobre The Beatles que sea de mediano interés a estas alturas? Esta pregunta se la deben haber hecho muchos productores, periodistas, escritores, cineastas y dramaturgos, desde los años sesenta hasta ahora. La respuesta la podemos encontrar en la gran cantidad de libros y películas sobre la banda de Liverpool que se han escrito desde entonces. Hay para todos los gustos y con diversos puntos de vista. En 2019, el cineasta británico Danny Boyle se animó a jugar con la idea de cómo sería un mundo en el que nunca existieron los Beatles. El resultado fue la película Yesterday, con guion de Richard Curtis, a partir de una historia de Jack Barth. La crítica se dividió, pero los números de recaudación fueron exitosos: más de 150 millones de dólares. Era difícil que una película con una premisa así fracasara en la taquilla. Más allá de que su protagonista careciera casi por completo de carisma.

Repito la pregunta. ¿Qué se puede contar sobre The Beatles que sea de mediano interés a estas alturas? En 2013, el documental Good ol’ Freda dirigido por Ryan White tuvo una respuesta memorable. La historia que faltaba era la de una señora llamada Freda Kelly, trabajadora inglesa nacida en 1945, una mujer común y corriente; abuela, madre, hija, que alguna vez fue la secretaria de una de las bandas más importantes de la música popular.

Llegué tarde a su historia, recién me enteré en 2021, cuando estaba sumido en la pandemia y en sus consecuencias, pero un documental como este se trata justamente de eso, de llegar muchos años después a conocer una parte de la historia que no conocíamos. La que nos faltaba a nosotros y la que le faltaba por contar a ella. En esto se diferencia del trabajo de Peter Jackson, The Beatles: Get Back, estrenado en noviembre pasado, donde el objetivo es rearmar un material ya existente pero no divulgado, con un gran director y en tres capítulos que suman más de 7 horas.

Good ol’ Freda es un documental sencillo en su puesta en escena y austero en sus recursos audiovisuales. Fue producido gracias a un financiamiento colectivo en la plataforma Kickstarter y contó con 660 patrocinadores. El dato es muy relevante, ya que además de dotar de mística al trabajo y su visionado, nos permite entender porque apenas suenan un par de canciones de la banda. Podemos intuir lo costoso que debe ser utilizar canciones de The Beatles en una película. En la antes mencionada Yesterday, se pagaron diez millones de dólares por este ítem. Pero todos los recursos sonoros pasan a segundo plano gracias a Freda Kelly, quien durante los 86 minutos de duración que tiene este documental, nos cuenta su historia sin alardear ni festinar un rol que seguramente muchas personas hubieran deseado tener. Ser la secretaria de The Beatles significaba estar en contacto con las fans, con los músicos, con sus familias, con Brian Epstein (el manager del grupo, fallecido en 1967) y con toda la cadena de producción que sostenía a la banda en aquellos años.

Freda Kelly era la encargada de responder las miles de cartas que recibían los músicos e incluso se comunicaba con esta comunidad de fans a través de una publicación mensual que tenía The Beatles, en donde más de una vez hizo un llamado de atención para que respetaran la privacidad de sus “jefes”.

Al ver el documental resulta entrañable que esta mujer renuncie a cualquier tipo de protagonismo o aspaviento por haber sido la secretaria de The Beatles. Al contrario, su personalidad y su visión de la vida conmueven y generan ternura, porque a fin de cuentas nos quiere contar que solo es una señora inglesa de 68 años, que nos invita a pensar en un mundo que ya no existe, y no desde una nostalgia lastimera, sino desde el inevitable paso del tiempo.

Ese mundo que nos comparte es aquel en que toda la memorabilia de los Beatles, los recuerdos físicos, las fotografías impresas y los souvenirs tenían un simbolismo con una importancia que quizás no podamos comprender desde una actualidad tan digital y efímera. Los autógrafos, los mechones de pelo o alguna manta con la que tenía que dormir Ringo Starr para luego ser enviada a la fan que pidió ese favor, eran códigos que ella siempre quiso cumplir de buena fe. Porque, aunque apenas tenía 17 años cuando tomó este rol, quiso ser una profesional. Quiso responder como lo que ella también era: una fan atendiendo a otras fans.

Nunca alardeó de más ni le gustaba hablar de lo que pasaba con la banda en la intimidad. “No era su estilo”, cuenta su hija en una de las secuencias. En este sentido, son engañosos algunos artículos periodísticos de la época de estreno del documental; Freda Kelly no cuenta intimidades de quienes llegaron a ser sus amigos, más bien, ella describe su trabajo desde su posición. Y lo interesante es eso, su mirada de la historia de la banda, que es una mirada que hasta ahora no había sido explorada, por la sencilla razón de que no conocíamos su existencia. Es revelador, por ejemplo, cuando comenta que, pese a su juventud, pudo darse cuenta de la devastación que la muerte de Brian Epstein iba a provocar en el grupo.

Good ol’ Freda tiene momentos graciosos y emotivos, pero todos están expuestos con sutileza y narrados de forma cadenciosa por su protagonista. Así, vemos a Freda Kelly respondiendo coqueta que nunca tuvo un romance con algunos de los cuatro Beatles. La vemos muy seria cuando cuenta que tuvo que despedir a sus ayudantes por una falta de ética en el trabajo. Una de las chicas quiso engañar a una seguidora, enviándole un mechón de pelo de su hermana para que pasara por un mechón de Paul McCartney. “No puedo confiar en ti después de esto”, le dijo y no hubo más ayudantes.

Vemos también a Freda Kelly volviendo después de 46 años a la calle Admiral Grove, número 10, la casa de los padres de Ringo Starr, con quienes generó un gran vínculo afectivo. De hecho, en ese momento de regreso a la casa en la que pasó largo tiempo, reconoce haberle contado todos sus secretos de adolescencia a Elsie Starkey, la mamá de Ringo.

Freda Kelly cuenta con tono solemne cómo eran los últimos momentos de la banda, antes de la separación, siempre desde su perspectiva. Resulta dramática su lectura de la última carta dirigida al club de fans de la banda, donde informa que los Beatles han llegado a su fin después de 11 años y pide por favor que no vuelvan a escribirles. Para ella, como secretaria y fan del grupo, esa carta resulta una contradicción.

Hacia el final, Freda Kelly dice que todo lo que hemos visto en Good ol’ Freda es su viaje “excitante” de diez años junto a los Beatles, que la ha devuelto al mismo lugar donde empezó; sigue trabajando y sigue siendo fan del grupo. Está feliz de que su historia ha sido grabada para este documental, porque así no tendrá que volver a contarla. Esto podría parecer una broma o una idea demasiado rígida, pero luego de conocer sus códigos como persona y como secretaria de los Beatles, sabemos que no lo es.


El documental está disponible de forma gratuita en YouTube:

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