Hay un Maracanazo en Chile

Victor H. Ortega. Créditos de la foto: Karin Wilson A.

Entrevista con el escritor chileno Víctor Hugo Ortega

Mientras preparamos la edición uruguaya de su Elogio del maracanazo, con el que abrimos una nueva etapa, conversamos mucho con Víctor, casi siempre vía chat y con menos frecuencia mediante videollamada. De esas conversaciones surgió la idea de esta entrevista, que quiere funcionar como una presentación del autor y, sobre todo, de las circunstancias que rodean a su libro.

Elogio del Maracanazo es una colección de cuentos en la que el fútbol vertebra la vida de los personajes y sus pasiones. El que da nombre al libro es la historia de dos jóvenes chilenos que viajan a Las Piedras en 2012 para conocer a Alcides Ghiggia, cuando era el único sobreviviente del Mundial del 50. No es la historia de un peregrinaje o del encuentro mágico con un héroe, es el elogio a la sorpresa, a lo inesperado, a todo lo que el fútbol genera en nuestras vidas.

El 16 de julio de 2020 se cumplirán 70 años del “Maracanazo”. Desde hace un tiempo, no podría decir cuándo, cada vez que la selección uruguaya juega algún partido importante, aparecen hinchas disfrazados de fantasmas con sábanas celestes y un 50 pintado en la espalda. La broma tiene lo suyo, porque la verdad es que ese fantasma también persigue a nuestra selección (y a nosotros, sus hinchas), que no ganó nunca más un mundial.

Ojalá una mirada externa como la de Víctor, fascinada por el mito, sirva para apreciar lo maravilloso de aquel Mundial y sea también un buen antídoto para el chauvinismo. Porque sus cuentos revelan también que la mirada de sus personajes tiene poco de “externa”, que el fútbol más que diferenciarnos, sirve para ponernos en contacto.

El Elogio del Maracanazo lleva tres ediciones, dos chilenas y una mexicana. Contame la historia de esas tres ediciones. Me interesa saber qué te llevó a vender la primera edición por tu cuenta

La primera edición del Elogio fue una edición independiente, que distribuí yo mano a mano y llegué a vender una cantidad bastante aceptable para ser un libro autogestionado. Llamó la atención de la prensa de la época de Chile y de Uruguay por lo del viaje a conocer a Ghiggia. También los primeros comentarios fueron positivos, hubo buena crítica en general y eso ayudó a que años después el sello mexicano Librosampleados quisiera publicarlo allá. Fue una gran experiencia que fuera editado en México, porque tienen un catálogo increíble, con libros de gran factura física. Lo presentamos en la Feria del Zócalo de Ciudad de México, en octubre de 2017, justo cuando Chile había quedado eliminado del Mundial de Rusia, así que fue cosa bastante irónica del destino, mi gusto por el fútbol y la literatura. La tercera edición la publicó la editorial chilena Los Perros Románticos, quienes me conocieron por alguna nota de prensa que vieron del libro y les llamó la atención. Para mí fue algo muy bueno, porque tienen un catálogo que me encanta y es un honor estar ahí. Todas esas ediciones tienen diferencias entre sí y cada una de ellas trajo nuevas oportunidades para el libro, lo que me entusiasma mucho, porque pasan los años y el Elogio se sigue publicando. Lo que sí tengo que decirte y volviendo al punto central de tu pregunta es que siempre llama mucho la atención que el libro haya pasado desde la independencia a estar publicado en editoriales con buenos catálogos. Creo que la gente que se entera de que el libro tuvo ese origen, a pulso y autogestionado, le agarra un cariño especial que va más allá de las historias mismas que conforman el Elogio. Y eso me pone muy contento.

¿Cuál es tu relación con Uruguay?

Es muy especial, de interés por la cultura, por la gente, el arte y todo lo que me gusta en la vida. Creo que viene de que fue uno de los primeros países que conocí, cuando tenía como 24 años. Fuimos a Montevideo con mi vieja en el 2006 y fue un viaje muy bonito. Tengo los mejores recuerdos de ese viaje y lindas fotografías. El viaje adquiere, visto desde el ahora, un aura especial, ya que mi madre falleció en 2015 y al final fue uno de los grandes momentos que vivimos juntos. Antes de conocer Uruguay, tenía una relación de admiración y curiosidad por el fútbol, por la música, por el cine. Mi vieja era futbolera, veía los partidos, me contaba cosas y todo eso fue confirmando un nexo especial con ustedes. Después, con los años, regresé una y otra vez a Uruguay, y una de esas veces fue la del viaje al encuentro con Alcides Ghiggia junto a un amigo del colegio (Gonzalo Requena), que terminó siendo el cuento principal del Elogio.

¿Qué te lleva a escribir sobre fútbol?

Los momentos que me marcaron (de dulce y agraz) y que están asociados al fútbol, como hincha principalmente, y que me unen a un montón de gente. Soy mucho de ir al estadio, de conocer a los jugadores, de leer sobre ellos, de repetirme partidos, de saber cosas. Ser futbolero me ha llevado a conocer muchas cosas de distintos países. Le tengo mucho respeto a la pureza del fútbol, que desde luego se ha ido perdiendo con el paso del tiempo y el marketing salvaje que hoy en día lo administra. Soy un romántico del fútbol, de la vieja escuela, de la interacción con la gente, de cuando todo estaba más lejos de la obsesión que hay por la plata y que ha llevado a que se vaya a hacer un mundial en Qatar. El fútbol tiene una parte muy noble, que siento que la literatura ha mantenido a flote a pesar de los jeques árabes.

¿Por qué Maracaná?

Porque es la historia más increíble que escuché relacionada con el fútbol y también con la vida. Ustedes los uruguayos lo saben mejor que nadie, aunque se la pasen peleando por si es bueno o no recordar algo del pasado. El libro me ha llevado a saber que no soy el único no uruguayo que piensa que el Maracanazo es una de las gestas más grandes de la historia del deporte mundial.

En una entrevista que diste en la tele, cuando salió la primera edición, hablabas del “realismo” y lo reivindicabas estéticamente ¿Por qué?

Porque como lector el realismo para mí es todo. Por alguna razón que quizás sea hereditaria, yo nunca enganché tanto con los magos ni con los viajes intergalácticos. Me llama profundamente la atención la calle, las esquinas lo que está ahí afuera y que a veces pasa desapercibido; lo cotidiano, lo común y corriente, representa algo inmenso y poético para mí. Me encantan las películas que buscan esa poesía en el realismo. Encuentro que es super difícil eso. Y en esa época lo reivindicaba, porque había cierta mirada que subestimaba al realismo dado por la literatura vinculada al fútbol. Y no puedo estar más en desacuerdo.

Hay un cuento del Elogio que me gusta mucho, “La estatua más linda”, porque transcurre en la calle, con un monumento a Gabriela Mistral que tiene los pies en el piso y está cerca de la gente. Se me ocurre que puede ser una buena metáfora para narrar el encuentro que tuvieron los personajes con Ghiggia ¿Cómo lo ves vos?

Sí, puede ser, está relacionado con la pregunta anterior. Ese cuento de la estatua de Gabriela Mistral es pura calle y observación de una esquina muy concurrida en Santiago de Chile. Tiene una estructura que quizás un lector clásico de cuentos clásicos no toleraría. Digo esto porque ha sido algo recurrente en mis libros, que alguna crítica ha visto una no consumación del género en mis “cuentos”. No soy muy prisionero de la definición del género, para mí contar es mucho más que un conflicto con clímax y final. A veces hay historias que son solo un instante suspendido, donde uno ve lo que pasa en un lugar lleno de significado emocional, como puede ser la estatua de Gabriela Mistral en una esquina de Quinta Normal. Comparto con mis personajes el gusto y la curiosidad por las historias que hay detrás de lo legendario y lo mítico. Tal vez por eso en algún momento quise conocer a Ghiggia, porque quise viajar para conocerlo y conversar con él, no para entrevistarlo. Nunca se me pasó por la cabeza entrevistarlo. En esa época yo no sabía por qué; ahora lo tengo un poco más claro y el mismo libro me ha ayudado a resolverlo. Me interesaba ese punto de vista de alguien que vivió una experiencia que yo admiraba, pero para mí, para mi conformación como ser humano, no como un encargo. Por eso que todo fue yendo hacia la dirección de un libro. Con Gabriela Mistral me pasa lo mismo. Probablemente sea la persona con quien más me hubiera gustado compartir una conversación, un intercambio de puntos de vista sobre eso que ella y yo tenemos en común: una relación especial con el Chile profundo, que claramente no es el de las consignas políticas o turísticas.

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