Prólogo

La publicación de este libro dentro de la colección Guyunusa no es solo una declaración de principios en torno a la función social de la literatura: es un acto de reivindicación del código ficcional como espacio de posibilidad a partir del cual las mujeres e identidades disidentes lograron registrar sus voces e inquietudes, sus miradas del mundo, cuando las puertas de la teoría, la filosofía o el periodismo se encontraban prácticamente cerradas. Los universos textuales de nombres tan diversos en temporalidad y estilo como los de Delmira Agustini, Armonía Somers, Cristina Peri Rossi o Natalia Mardero, por nombrar algunos, han sido para la continuidad de nuestros feminismos fuentes de información invaluables que nos permiten recoger, como Hansel y Gretel, migas de pan que revelen el rastro de la historia de la sensibilidad de nuestras comunidades en torno a la condición femenina y a la problemática de género.

Honrando ese linaje, la escritura de Mariana Olivera es contemporánea en el sentido más despojado de la palabra: es una literatura hija de su tiempo, que registra de manera situada las peripecias a las que nos enfrentamos las mujeres jóvenes -o no tan jóvenes – que pertenecemos a la clase media uruguaya. Cosechando sus principales nutrientes en el territorio de la oralidad urbana del Montevideo del siglo XXI, Olivera construye -¿inventa, reproduce?- un lunfardo feminista que le permite delinear una visión muy otra de la relación entre la palabra y la calle, entre lo privado y lo público. Así, su novela no se trata sólo de hacer vivir personajes y acciones; la decisión de despojarse de cualquier pudor con respecto a lo que puede  considerarse “literario” le permite articular el lenguaje con originalidad, ponerlo en problemas y propiciar una interlocución que se vuelva realmente consciente de las disputas simbólicas que nos habitan hoy, en este presente extremo que nos interpela.

La narradora retrata sin ningún prurito moral el desafío que supone sostener nuestras vidas dentro de un sistema que nos encierra de manera doble, que nos otorga cada vez menos alternativas desde el exterior -ahí están la pandemia, la crisis económica y el neoliberalismo, pesadillas que soñamos despiertas- y, a la vez, se asegura de que la conformación problemática de nuestras subjetividades se resista, mediante diversos mecanismos de defensa, a cambios profundos, a nuevos tránsitos. Feroz, radical, desesperada, anárquica, cuestionadora y sexy, Desplazamiento hacia el rojo danza sobre la ironía y el humor para tratar temas que arden, que se prenden fuego en nuestras expectativas y frustraciones, en nuestras conversaciones, en la construcción dinámica de nuestros vínculos sexoafectivos. La maternidad, la intimidad, la bisexualidad, la dependencia económica, el intento por desarmar erotismos vetustos en los que la violencia es necesaria para el goce: Olivera y su universo narrativo se desnudan frente a nuestros ojos hasta envolvernos en un extraño despliegue retráctil del tiempo y el espacio, un círculo de esquemas psíquicos, un encierro neblinoso que, a pesar de todo, encuentra en la liberación de la escritura feminista una última fuga, temblorosa pero decidida, hacia la esperanza.


Foto destacada:»Soledad Castro Lazaroff, Mariana Olivera Naviliat y Sabrina Martínez en la presentación de Desplazamiento hacia el rojo en SOA el 22 de enero de 2022″. Foto: Agostina Vilardo (IG @tina_peache)

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