Hoy la esperanza radica en el fortalecimiento de nuestra ancestralidad transmitida oralmente por nuestras abuelas, en la unificación de los pueblos indígenas

Mónica Puleri (Clan Rua La-at)
Ana María Barbosa (ADENCH)1

Desde hace más de cuatro décadas, la sociedad uruguaya está enunciando discursos que cuestionan y desmienten las narrativas oficiales impuestas por las instituciones nacionales, clases dominantes y grupos de poder, desde la construcción del Estado (1830). Entre ellas: el mito de exterminio del pueblo charrúa luego de la Matanza de Salsipuedes en 1831. La lucha política de las mujeres Charrúas lo vuelve evidente. Esa lucha nos permite advertir que el mito que dio origen al Estado-nación, sostenido por el genocidio y su intrínseca política estatal del silencio y la negación, por un lado, construyó y habilitó a consolidar un colonialismo patriarcal en las estructuras del tejido social. Y por el otro, y más importante, nos confirma la continuidad sociohistórica de la identidad Charrúa.

Las mujeres Charrúas2 son las principales transmisoras de nuestra cultura ancestral, y a lo largo de unos 150 años debieron transmitirla ocultando y negando su origen e historia, como estrategias de supervivencia y de re-existencia frente a las prácticas genocidas ejecutadas por el Estado uruguayo. Al igual que lo hicieron mujeres de otros pueblos originarios, como las Tupinambá, Pataxó, Mapuches, Wayuu, Mayas, Yaquis. Esto ha implicado, entre otras cosas, que las siguientes generaciones debieron reprimir una parte de su ser para adaptarse a una sociedad que pretendió construirse blanca, europeizada y homogénea. Es decir que, las mujeres Charrúas han encontrado la forma de seguir transmitiendo su identidad a pesar de las múltiples violencias estructurales y particulares contra ellas.

En los debates públicos, poco -o nada- se ha cuestionado sobre el lugar que ocuparon esas abuelas, bisabuelas y tatarabuelas Charrúas en nuestra sociedad, en los diferentes momentos sociohistóricos. ¿Qué procesos sociales han vivido desde la construcción del Estado? ¿Cómo se han defendido y cuidado la vida?

En las próximas líneas responderé brevemente estas preguntas partiendo de una perspectiva latinoamericana, de género e integral. Es decir, considerando que en los diferentes territorios del continente existen problemáticas sociales similares derivadas de los procesos de colonialismo, patriarcalización y capitalismo. Asimismo, poniendo en el centro la experiencia de mujeres con las que trabajé durante 4 años para mi investigación doctoral; por tanto, este conocimiento buscó ser construido desde sus propios contextos y lógicas de significado. Por último, entendiendo que los procesos son entramados complejos donde dialogan, se superponen, pliegan y repliegan diferentes esferas de la vida, formas de comprender el mundo, contextos sociohistóricos y relaciones de poder, que afectan y se-afectan entre sí.

Violencias coloniales y patriarcales hacia mujeres Charrúas

Entre 1830 y 1834 el Estado uruguayo ejecutó un genocidio contra el pueblo Charrúa, al que no lograba integrar al nuevo proyecto político y económico. Las prácticas genocidas que han sido más estudiadas por la academia refieren a las matanzas, las cuales estaban destinadas principalmente a asesinar guerreros. Sin embargo, los registros documentales también explicitan que las matanzas organizadas por las fuerzas políticas y militares incluían otras prácticas con otros objetivos: la captura, apropiación y reparto de forma individual, en casas y estancias de familias y personas blancas y criollas. En particular, es ampliamente conocido el intercambio de comunicaciones entre el General Fructuoso Rivera, presidente en dicho período3, con los ministros de Gobierno y Relaciones Exteriores, y de Guerra y Marina (sobre todo con José Ellauri), donde se especificaba que eran capturados “al servicio propio”.

Esto supuso que las mujeres Charrúas fueron apropiadas por los nuevos propietarios de la tierra, y esclavizadas en el interior de sus casas y estancias para ser explotadas de acuerdo con el orden colonial y patriarcal de mediados y fines del siglo XIX. De esta forma, las mujeres y las infancias aprendieron a) el nuevo lugar impuesto dentro de la sociedad, y en particular, b) a habitar relaciones asimétricas con los nuevos “propietarios”, -bien podríamos llamarles esclavistas-. En ese proceso de esclavización y convivencia forzada, las clases dominantes buscaron transformar la identidad ancestral de las mujeres Charrúas para su propio beneficio. Lo cual implicó que no pudieron continuar hablando su lengua, ni criar, ni alimentar a sus hijos -se los robaron-, ni continuar practicando muchos de sus conocimientos ancestrales.

El ingreso forzado de las mujeres a estos espacios de dominación privada les permitió a las familias dominantes, controlarlas y someterlas a ser fuerza de trabajo gratuita. Asimismo, su experiencia estuvo marcada por historias de explotación sexual que fortalecieron las relaciones asimétricas con los abusadores y habilitó las prácticas de asimilación forzada para eliminar su identidad y tener descendencias biológicamente mestizas. ¿Cómo sería vivir con todo ese dolor durante el genocidio; y las décadas siguientes? ¿Cómo lograban resistir, procesar y gestionar tantas dificultades materiales y emocionales?

Para las mujeres Charrúas, el genocidio no acabó con las prácticas ejecutadas durante los primeros años del gobierno nacional, sino que continuó presente con los efectos a largo plazo de esas violencias y su consolidación en la estructura social. En lo inmediato, el genocidio incluyó: el despojo de sus aguas y tierras, la pérdida de libertad para moverse por los territorios, persecuciones y matanzas, el asesinato de sus padres, abuelos, compañeros, hijos, el desmembramiento de las comunidades, su apropiación por parte de las clases dominantes, esclavización, violación, cosificación, imposibilidad de continuar practicando algunos de sus conocimientos, imposición de nuevas costumbres ajenas a su cosmovisión. Con el paso del tiempo y la continua negación, silencio y ocultamiento de estas violencias estatales, estas prácticas habilitaron la reproducción de la violencia en el interior del pueblo Charrúa.

Estrategias de defensa de mujeres Charrúas

En ese contexto de violencia sistemática hacia el pueblo Charrúa, las mujeres han aprendido a defender la vida y su identidad de diferentes maneras. En un primer momento, durante las persecuciones y matanzas, recurrieron a ocultarse en los montes, sus territorios ancestrales que conocían muy bien. Elena Santana, pionera del movimiento indígena en Uruguay, integrante de la comunidad Aborígenes de Flores cuenta la experiencia de su tatarabuela, en el marco de la Matanza de Salsipuedes de 1831:

(…) mi tatarabuela, cuando Rivera hizo la Matanza acá en este lugar, ella quedó escondida entre los montes de Salsipuedes y ahí la criaron en Molles de Porrúa [en el departamento de Durazno] como a cientos de niñas y varoncitos, poniéndole el apellido de González. Ha sido una persona de una estancia que los tomó con el apellido de él porque hay montones de gente descendiente charrúa que venimos González por línea materna en Uruguay y no somos nada, somo sí hermanos de sangre, de memoria, de nuestras raíces (2023).

Elena Santana

Sin embargo, una vez que fueron “tomadas” por sus “nuevos propietarios” para poder continuar viviendo, ocultaron su identidad como una estrategia de autocuidado y defensa de la vida. Mónica Michelena, integrante de la comunidad Basquadé Inchlá, cuenta sobre su madre, nacida en la primera mitad del siglo XX: “nunca me dijo nada del tema indígena, pero que cuando yo me enteré por la tía, ella me dijo que sí, pero que nunca me había querido contar porque tenía miedo que me discriminaran porque ella había sido muy discriminada…” (2023).

Este tipo de discursos y prácticas eran muy comunes entre las mujeres Charrúas. Unas cuantas generaciones de madres y abuelas dejaron de transmitirle a sus descendencias el origen de su identidad como una forma de protección y cuidado, para que éstas no sufrieran las violencias racistas y patriarcales que ellas y sus ancestras vivieron. El Estado, a través de sus fuerzas políticas y militares, impuso el miedo a realizar sus prácticas, y ser ellas mismas. Sin embargo, esto no implicó que la identidad se perdiera, porque las mujeres continuaron transmitiendo sus conocimientos en silencio, a través de la práctica.

Los conocimientos ancestrales presentes en las mujeres Charrúas tienen que ver con una parte esencial de su cosmovisión: su relacionamiento con las formas de vida más que humanas. Mónica Puleri, integrante del clan Rua La At, me explicó las enseñanzas que le dio su abuela Mencha: “Y aprendimos a mirar la naturaleza, el cielo. Con ella aprendí a tirarme abajo del paraíso a observar cómo se movían las nubes con el viento, sostenida de nada. Pero solo mirábamos, observábamos. […] Nunca nos explicó…” (2022). Las plantas medicinales son otro ser vivo de gran importancia para las mujeres Charrúas, ya que ocupan un lugar y una relación de cuidado con ellas mismas y en el interior del pueblo. Las mujeres Charrúas son grandes conocedoras de las plantas nativas, sus propiedades, usos, y formas de relacionamiento con ellas (cómo cosecharlas, cómo consumirlas, en qué momentos, etc). Paula Piriicaa, integrante de la comunidad Hum Pampa afirma que «es bastante lógico que sobreviva la memoria de la salud porque es la forma de sobrevivir, es cómo se garantiza la supervivencia de un pueblo y su cultura» (2024).

Las mujeres Charrúas cuidaron su identidad practicando esos conocimientos ancestrales en su vida cotidiana, y al mismo tiempo se cuidaron a ellas mismas ya que esas prácticas también son de autocuidado físico, espiritual y mental. El silencio, ocultamiento y negación de su identidad han sido estrategias de defensa para ellas mismas y sus descendencias. Asimismo, la transmisión de esos conocimientos sin explicaciones sobre su origen y ocultando la raíz indígena, fue una práctica de cuidado a sus conocimientos, lo que permitió que éstos continúen presentes hasta el día de hoy.

La lucha continúa

A partir de los años 1985, en un contexto nacional y regional de transiciones a la democracia, levantamientos de pueblos indígenas, fortalecimiento de los feminismos, de los movimientos por la verdad, memoria y justicia y de las mujeres originarias de diferentes territorios: las mujeres Charrúas se empezaron a organizar. Es decir, luego de casi 150 años de silencio, ocultamiento y negación de la identidad Charrúa en el amplio de la sociedad, las mujeres rompieron el pacto de silencio entre abuelas y empezaron a hablar, primero para reconocerse y autor reconocerse indígenas, luego para reivindicar sociopolíticamente.

Foto: Andrea Añón Monteserin. «Primer encuentro de mujeres indígenas del Abya Yala-Guardianas de la Naturaleza» (2022), en Migues (Canelones, Uruguay).

Hoy, existen más de 20 comunidades, clanes y organizaciones mayoritariamente mixtas, que se reafirman en su identidad ancestral y reivindican por sus derechos colectivos. De acuerdo con el último censo del 2023, el 6,4% de la población uruguaya dijo tener ascendencia indígena, y desde hace más de una década, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD), el Examen Periódico Universal (EPU) del Consejo de Derechos Humanos, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, los tres de Naciones Unidas, así como varios Estados, entre ellos, Bolivia, México y Ecuador, recomiendan al Estado uruguayo que reconozca a los pueblos originarios pre-existentes y que firme el Convenio 169 de la OIT.

De acuerdo con los discursos globales actuales y las exigencias internacionales, el reconocimiento del Estado uruguayo al pueblo Charrúa es solo cuestión de tiempo. Sin embargo, vale la pena resaltar que ese discurso tendrá que venir acompañado de una escucha activa hacia las mujeres Charrúas y de propuestas concretas para responder a sus reivindicaciones colectivas y heterogéneas. Al margen del Estado, las mujeres Charrúas continúan luchando cada día en defensa de sus conocimientos ancestrales, cuidando los territorios, los cuerpos, su espíritu, las aguas, las plantas, los animales, los cielos, los alimentos y la memoria del pueblo. Las mujeres Charrúas continúan su lucha en defensa de la vida.

Ciudad de México, 1 de junio de 2026

Notas

  1. Fragmento de una carta leída por Mónica Puleri el día 11 de junio del 2023, en el marco de la entrega de los Premios Destaque Victoria (Montevideo, Uruguay). Disponible con el título, “Soplan muchos vientos sobre este territorio intranquilo” en este link. ↩︎
  2. A lo largo del texto, al referirnos a mujeres Charrúas o al pueblo Charrúa, también se reconoce que en su interior coexisten personas que se autorreconocen descendientes de Bohanes, Yaros, Minuanes, Güenoas, Chanás, y otras etnias. ↩︎
  3. Incluso volvió a ser presidente, de forma interina entre 1838 y 1839, y tuvo un segundo mandato de 1839 a 1843. ↩︎

Deja un comentario

Author

Trending