Nenúfar es una antología poética uruguaya de Ediciones Venado Real publicada en marzo de 2026 que recoge 13 voces distintas. Es el tercer libro en la serie Poetzine, que le sigue a Refugio y Brújula. Esta tríada de antologías engloba temas o caminos distintos de ver y de crear poesía. La idea es apoyar a autoras y autores emergentes, además de poder publicar voces nuevas. Los autores de este antología son: Lourdes Frenay, Sonia Olivera, Mariana Bauger, María Pía Ramos, Pedro Rebellato, Julieta Alvarez, Melchora Costa, Victoria Benedetto, Lucía Capellini, Micaela Tejera, Néstor Bermúdez, Erika Seeger y Lucía Beltrame.
En el primero, Refugio, las y los participantes de un taller fueron acercándose y evocando sus propios refugios por lo que los poemas rescatan la niñez, la adolescencia y también el dolor. Brújula, con la misma estética y con un grupo parecido de participantes hace un recorrido de los cuatro puntos cardinales enraizándolos en distintas partes del cuerpo.
Nenúfar se presenta como un acercamiento a la humedad, a los mares, a la sal golpeando la cara fría, al cuerpo prestándose a la naturaleza. Afuera llueve. Hace días que el cielo está gris y que, eventualmente, llueve. Así comienzo a leerlo. Nenúfar acompaña en su condición de planta acuática, en su condición de ser que flota. Y vaya si flotamos. El agua, como dice uno de los poemas, es nuestro primer hogar.
“El cuerpo aprende/ el vaivén del agua,/ el mundo entero empieza húmedo,/ el vientre tibio de mamá,/ una respiración prestada”. Es un inicio acertado, que emprende la búsqueda de la humedad y de flotar en horizontal sobre un lago. El agua se busca como vida, como un lugar al que volver, como lucha contra el ruido. “En el agua/ los ruidos se vuelven suaves,/ el cuerpo se siente liviano/ y el mundo/ deja de empujar, se puede disfrutar”. Se trata de tocar las profundidades del mar, agotar la vista de tanto observar la lluvia, ser arrastrados y zarandeados por los oleajes.
El poemario cuenta con 141 páginas. No es necesariamente breve. Cada página está cuidadosamente curada y acompañada de la cercanía que transmite el proyecto. Y fluye en el agua estancada del nenúfar. “Como el nenúfar, que florece sobre la superficie mientras hunde sus raíces en lo profundo, estos textos nos invitan a mirar hacia adentro sin dejar de abrirnos al mundo”, explicita la contratapa. Sigue lloviendo. Anuncian tormentas. Me parece que es el mejor tiempo para disfrutar de un libro así. El mar guarda recuerdos, es un sitio de juegos, un parque de diversiones para niños pequeños, una botella perdida con sueños dentro. El mar es, para muchos, libertad.
Hay un poema que me cautivó en particular: “Barquitos de papel”. Ya no es el mar el que predomina, ni el tocar con los dedos su profundidad, sino el juego de crear barquitos de papel y verlos recorrer su camino. ¿Quién no lo ha hecho? ¿Quién no se ha arrodillado en el cordón de la vereda a ver cómo los barquitos de papeles juegan una carrera. “Metamos barquitos de papel en las canaletas/ que se nos mojen la cara, los dientes y las botas./ Veamos cuál llega primero y desemboca/ en un mar que, a nuestros ojos, es gigante”.
Nenúfar va más allá del agua. Es la transmutación del ser en líquido, en presencia constante. Es eso: una zambullida a lo profundo de uno mismo. Fluir con el pelo y las extremidades flotando. Volverse uno con aquello que da vida. «Pienso que si hay vida/ en la profundidad,/ entonces no es tan malo/ tocar fondo de vez en cuando».










Deja un comentario