Siempre se habla de las ocasiones en que la serie Los Simpson predijo el futuro, como con la presidencia de Donald Trump o el ataque del tigre a Siegfried y Roy. Esos dos momentos son los que más tengo en la memoria porque de vez en cuando el algoritmo de las redes sociales se encarga de recalcar estos aciertos. Pero en Latinoamérica también hay casos en que la ficción se anticipó a los hechos, aunque sin la multiplataforma millonaria de Estados Unidos. Uno de esos es Rudo y Cursi, película mexicana que cumplirá 18 años desde su estreno.
Carlos Cuarón, en su primera cinta dirigida, cuenta la historia de los hermanos Tato «Cursi» Verdusco y Beto «Rudo» Verdusco, interpretados por Gael García Bernal y Diego Luna respectivamente, quienes cumplen el sueño de convertirse en futbolistas profesionales luego de ser descubiertos en una cancha rural, pero chocan de frente contra los vicios y la crueldad de este continente.
La historia podría parecer el clásico anhelo de todo futbolero aficionado, de esos que corren con guata —barriga en Chile— y destapan cervezas después del partido: que un cazatalentos detecte su potencial y los lleve a un club profesional. Pero nunca es solo fútbol. La película aborda temas complejos como la ludopatía, las mafias mexicanas, la corrupción, la migración del campo a la ciudad y las desigualdades sociales. Todo es manejado bajo una estética adecuada, con planos en las canchas de tierra, el contraste de la vegetación y los colores de la zona rural con lo monocromático de la ciudad, los sonidos de las hinchadas en un estadio de fútbol y hasta la forma de hablar de estos dos hermanos que también son rivales.
Cuarón utiliza más recursos interesantes, como una voz en off que le otorga contexto y picardía latina a la historia. Quien hace este rol es justamente el agente que descubre a Rudo y Cursi, Darío “Batuta” Vidali, interpretado por el argentino Guillermo Francella. Un personaje tan cliché como efectivo, que ofrece sueños a cambio de una tajada de la torta, que muestra un trocito de gloria al mismo tiempo que dicta sus comisiones de contrato, que se mueve como una lagartija entre los clubes y es capaz de treparse en cualquier entrenador para que le haga un espacio en el plantel a uno de sus reclutados. Sus metáforas repetidas y el brillo en los ojos cuando ve a un jugador diferente al resto en una cancha polvorienta me hacen recordar por qué el fútbol siempre tendrá más sazón y magia que el soccer o el football.
Sin embargo, a pesar del rol casi poético de Batuta, también representa un negocio que en ese entonces ya existía, pero que en 18 años pasó por encima de todo, que es el de agente de futbolistas: ese que detecta una presa, se la queda —o se la quita a un oponente más pequeño— y la mueve por el aire de un lado hacia otro de manera que suelte la mayor cantidad de sangre posible. ¿Fútbol? ¿Amor a una camiseta? ¡No! Rentabilidad, como una empresa.
Otro personaje que se desenvuelve en un mundo en crecimiento es Toña, la esposa de Rudo, interpretada por Adriana Paz. Cansada de la ludopatía de su marido, ingresó al universo de Wonderlife, una marca que vende productos vinculados al bienestar y la salud en la que debe captar clientes para optar al sueño de subir de nivel, tener mayores recompensas y beneficios económicos. Sí, ese también es un cuento viejo, pero este tipo de negocios en el continente y en Chile, a 6.603 kilómetros de México, tuvo un repunte en las últimas décadas, a tal punto que a todos en algún momento de la vida nos llegó una oferta para pertenecer a este mundo lleno de beneficios y de cambios mágicos.
Bajo esta misma premisa, una actividad que es abordada con más detalles en la película y que también es un negocio que siempre se las arregla para no añejarse es el de las apuestas, que se trata de una manera tradicional: cuando Rudo aún vivía en la aldea ficticia de Tlachatlán, le sacaba el dinero a Toña y hasta objetos de la casa para poder apostarlos. Luego, con los suculentos ingresos que tenía como futbolista, fue seducido por la mafia y las drogas. La hostilidad que estos dos hermanos encontraron en la capital es la misma que padecieron miles de latinos en el siglo XX, que dejaron sus poblados para ir a probar suerte a São Paulo, Santiago, Lima o Ciudad de México, pero que en ese intento por una vida mejor no podían evitar el hacinamiento.
Aquí, los dos jóvenes soñadores pasaron por algo parecido, pero bajo las condiciones de este siglo. Cuando no tenían dinero, sobrevivían en una casa pequeña cercana a una carretera en la que se devoraban platos con comida envasada para derrotar el hambre. Luego, cuando ya tenían billetes en los bolsillos, la violencia de la urbe cambió de forma, ya que pasaron a ser unos codiciados sacos de plata. Cursi terminó engatusado, enamorado y abandonado por Maya Vega, una modelo de televisión que solo lo quería por su dinero y fama, mientras que Rudo acabó absorbido por las deudas que le provocó su ludopatía, las que fueron saldadas con balas en la noche.

Con seguridad, no era uno de los objetivos de Cuarón abordar actividades que 18 años después tendrían una sofisticación que las volvió aún más dañinas. El negocio de la representación de futbolistas existía, pero ahora el cazatalentos es solo una función dentro de una estructura que funciona como verdaderas empresas que forman conglomerados y ostentan peso en el balompié de Argentina, Chile o México. En el caso de Wonderlife —que es un nombre parodia—, este tipo de marcas hoy cuenta con una presencia fuerte en redes sociales y se trasladaron masivamente al mundo de las criptomonedas y los activos digitales, desde donde ofrecen una libertad financiera a través de la tecnología.
Sobre los casinos, la evolución también es evidente, ya que se volvieron un universo web muy difícil de controlar, a tal punto que hace unos días el presidente de Brasil, Lula da Silva, firmó un decreto que prohíbe las apuestas deportivas y los casinos en línea en ese país. “Me recuerda a los principios del crack, cuando los afectados perdieron el control”, dijo. Mientras tanto, en Chile, se discute una posible regulación. Y si se enfoca en el fútbol, basta escarbar solo un poco para encontrar que parte de los principales equipos del continente, como Flamengo o Boca Juniors, tienen como auspiciador principal a casas de apuestas deportivas.
Para adivinar el futuro no hay que disparar situaciones como si fuera una ráfaga de balas que salen desde una metralleta. Esto es algo más complejo: hay que conocer a la gente que te rodea, y eso la película lo da a entender a la perfección. Saber la cultura de las familias latinas de sentarse a hablar alrededor de la mesa a la hora de la comida, manejar la experiencia del padre ausente, conocer los ojos de una mujer víctima de violencia o saber que la entonación en cualquier provincia es distinta a la de la capital. No es romantizar hechos, sino entender lo que sucede.
No todas las predicciones sobre el futuro están en forma de sátira estadounidense. Si conoces a la sociedad que te rodea es mucho más probable detectar los monstruos que van creciendo entre las sombras.










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